lunes, 9 de abril de 2012

Ricardo E. Sagarzazu


COMIENZO DE LA INMIGRACION EN MONTE CASEROS


Por: Roberto Antonio Lizarazu

En razón de la importancia que tiene para el conocimiento de la conformación de la sociedad montecasereña,  reproduciremos el texto del discurso pronunciado por Ricardo E. Sagarzazu el 10 de octubre de 1957 ante el Rotary Club de Monte Caseros conmemorando el 464 aniversario del Día de la Raza. (1)

Una de las contribuciones más destacadas de esta alocución es que Sagarzazu enumera decenas de apellidos de inmigrantes que conformaron las familias que residieron en Monte Caseros en las décadas siguientes y muchas de ellas hasta la actualidad.

Especialmente nombra las personas de  las colectividades italianas, españolas y vascas, que son las más numerosas y que originariamente dieron mayor impulso al incipiente poblado.

En 1870 que es cuando Sagarzazu comienza a detallar su exposición, Monte Caseros es nada más que eso, un incipiente poblado, de menos de tres lustros de antigüedad  desde la refundación decretada por Pujol; y con una población urbana en ese momento menor a las  dos mil almas.

“Comparte esta noche la mesa rotaria tres invitados cuya presencia nos honra: el Intendente Municipal Don Marcial Ezcurra, el Agente Consular Honorario de España, Don José Sánchez y Don Juan Roteta.  En nombre de Rotary, les doy cordial bienvenida, deseándoles un grato momento como grata nos es su visita cuando vamos a recordar la gesta del Descubrimiento.

Rememoramos hoy en Rotary la más grande hazaña de la hispanidad cuyo aniversario van a celebrar el Viejo y Nuevo Continente, dentro de dos días.

A 464 años de aquel alumbramiento, lejos de agotar el tema, hay sobre él cada vez más que decir. Colón, Fernando, Isabel, pero aún más arriba España. España que hizo posible todo eso. España múltiple hendiendo sus raíces en Grecia y en Cartago, en Fenicia y en Roma; España celtíbera, eúskara, gótica, árabe. Ella estuvo en todas partes: en África, en las dos Sicilias, en el Caribe; en Filipinas y Florida; en California, las Carolinas, Tahuantisuyu, las Marianas y en el Plata.

Y acaso unos de los hechos que menos nos conmueven sea el que más de cerca nos concierne: España estuvo y está también aquí, en este suelo que hoy ocupan nuestra ciudad, su ejido y sus campos. Algo de eso quiero decir como homenaje a la Raza.

El primero comprende los siglos XVII y XVIII y se caracteriza por la presencia del conquistador y del jesuita. Pero el conquistador , ya en esa época casi nunca es peninsular, sino criollo, y el jesuita, mensajero de alguna tradición hispánica, es con frecuencia italiano o alemán y trabaja elemento humano guaranítico. La falta de españoles nativos en esta región, determinó más diferenciada de la peninsular que, por ejemplo,la que se desarrolló en Méjico, Lima, Chuquisaca, Córdoba o Salta. Sin embargo, la perspectiva cultural de España estuvo presente. Lo estuvo en los primeros navegantes del río que empezaron a recorrerlo, en estas latitudes, hacia 1618. También en la influencia de la Compañía de Jesús, en paulatino pero constante aumento entre los años 1624 y 1767, cuando fue expulsada por orden de Carlos III. La expedición del Maestre de Campo Don Francisco Piedrabuena contra los indios yaros y charrúas que aún vivían en esta zona, llevada a cabo en noviembre de 1715, tiene todas las características de las antiguas expediciones españolas; la prolija crónica que de ella hace el P. Policarpo Duffó nos permite conocer, además, interesantes aspectos de estos lugares hace casi dos siglos y medio. La apertura en 1740 del camino de Yapeyú a Paraná fue también obra de inspiración hispánica; viniendo del norte el camino entraba al territorio que hoy ocupa el Departamento de Monte Caseros por el Paso de las Piedras, en dirección sudoeste para continuar al sur exactamente por donde ahora corre la Ruta 14 que hasta hace pocos años era denominada “camino real” (camino del rey) por la gente de campo. Hacia 1750, ya desalojados los charrúas, el jesuita comenzó a fundar estancias, aquí; hizo el doblamiento con elementos guaraníes traídos de Yapeyú; junto con el guaraní comenzó a hablarse el español y a predicarse la fe católica, fundamentales elementos de la cultura peninsular. En junio de 1768 los pobladores del lugar, ya en proceso de mestización, vieron posprimera vez a una alta jerarquía española: era el gobernador de Buenos Aires, Don Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa quew venía a consumar la expulsión de los jesuitas; la expedición de Bucarelli contaba con unos 1500 hombres que se trasladaron en 184 carretas; el cortejo era imponente y los vecinos del Timboy se reunieron en su rivera para tributar homenaje a quien los visitaba en representación del Rey. 21 años más tarde, exactamente el 15 de octubre de 1789 visitaba estos lugares un geógrafo vasco, Don Andrés de Oyarbide,  Piloto de la Real Armada de España que regresaba de las misiones. Oyarbide se detuvo en las cachueras, hizo noche en las barrancas de la costa y al día siguiente, reabastecido con comestibles procedentes de la Estancia del Mocoretá, donde estuvo cuatro días: este Piloto hizo las primeras marcaciones geográficas en lo que hoy es nuestro departamento.

Con posterioridad a estos años, las invasiones portuguesas, la anarquía de los indios misioneros, privados de los centros civilizadores jesuíticos, las guerras de independencia y las contiendas civiles fueron factores que impidieron el contacto con España. Por momentos lo indígena parecía prevalecer, pero el español había dejado una lengua y una fe y ellas subsistieron a pesar de las deformaciones que ambas debieron necesariamente sufrir.
Con la Organización Nacional en 1853 y la fundación de Monte Caseros, dos años después, comienza el segundo período de influencia española. España se hacía otra vez presente, ahora con el inmigrante. La Madre Patria había cambiado: superada la época del absolutismo, orientada por Borbones en lugar de Austrias, esta vez no envió guerreros ni conquistadores sino hombres de trabajo; vascos de los caseríos, gente de los puertos andaluces y levantinos, castellanos empobrecidos y catalanes ansiosos de tentar suerte en el comercio. Todos venían pobres. España era pobre. Y sin embargo este fue el aporte más grande que la Madre Patria enviara a estas tierras.

Uno de los primeros españoles que se radicó en el pueblo fue su primer párroco, un vasco, el Padre Jerónimo Ibargallartu, que llegó en abril de 1859. Casi enseguida afincó Don Miguel Fernández Rodríguez, que llegó a ser fuerte comerciante pocos años más tarde; era hombre de méritos y poseía una clara inteligencia; sus hijos Leopoldo y Miguel tuvieron destacada actuación en Montevideo y Buenos Aires. Vivió también antes de 1870 Don Luís Miguel Caballero, gibralteño, hacendado de mucha figuración en su época.

En la década del 70 comenzó la radicación de vascos, elemento que en Monte Caseros, junto con el italiano, tuvo decisiva influencia en la evolución de este pueblo. Entre los que primero llegaron se cuenta mi abuelo, Manuel Sagaseta; vino al país en barco a vela ocho años después de la caída de Rosas; estuvo corto tiempo en Salto y allí formó un equipo de alambradores que tendió los primeros alambrados en el noroeste uruguayo; así llegó hasta Santa Rosa, cruzando a Monte Caseros para alambrar los campos del fundador del pueblo, Doctor Juan Pujol; no se fue más. En 1875 era gerente de la casa Solari e hijos; luego tuvo panadería y más tarde hotel.

Entre los vascos de la década del 70 recuerdo a José Fermín Aguirre Atormin, Pedro Iparraguirre, José Chopitea, Pedro y Santiago Ordenabía, que tuvieron fábrica de ladrillos, Miguel Gogorza, uno de los primeros agricultores, Carmelo Iraburu, Manuel Arancegui, Martín Saralegui, Pedro Mutuberría, Bernardo Goyeneche, Juan Larrea.

En la década del 80 se radicaron, entre otros, Tomás Muniozguren, Martín Argoitia, agricultores, José Martirena; Pedro Oxarán, que tuvo una carpintería, los hermanos Erro, hacendados. Y años más tarde aparecen Agustín Ameztoy y Joaquín Arteaga, agricultores. Homobono Astarloa, viticultor, Eladio Zugarrondo, comerciante; Adrián Berasategui, panadero; los hermanos Berecoechea, hacendados de estación Naranjito; Joaquín Ezcurdia, hacendado al igual que Luís Garmendia; Esteban Martirena; Pedro Oria que estableció una línea de diligencias a Curuzú Cuatiá y que más tarde fue propietario de un hotel; Juan María Oria, que llegó a ser uno de los comerciantes más fuertes del sur de la provincia, formando una familia que por muchos años estimuló en toda forma el progreso local; Rufino Roteta, uno de los fundadores de la Panadería Española, institución que por más de medio siglo centralizó la mayor parte de la actividad comercial de la plaza; Ramón y Manuel Ubiría; Pedro Ugartemendía, los Ibarguren, Martín Marticorena, hotelero; Joaquín Alzugaray, comerciante; Juan Echeverri y José Miguel Irastorza, estancieros; Lucas Arteaga; los Inchauspe y Martín Ormazábal.

A fines de siglo la numerosa colectividad vasca recibió en su seno, por algún tiempo, a Don Carmelo Uriarte que estuvo aquí de paso para buscar a su amigo y paisano el ingeniero Enrique de Ibarreña, perdido en la selva tropical.

Entre los españoles de otras regiones ibéricas tengo referencias de Don Benito Fuentes, primer escribano público que hubo en el pueblo; de Manuel, Ceferino y Luís Pérez, comerciantes; Nicasio Méndez, Eugenio Labín, comerciante; Domingo Alonso, que tuvo manufactura de tabacos; Ángel Vidal; Eduardo Baeza, que instaló el primer cine; Antonio Meléndez, comerciante; Pedro Vives Mañé, comerciante; José Paz Orense; José Pallares, viticultor; el Padre Juan Vázquez y Amado, cura párroco.

En 1891 se fundó la Sociedad Española de Socorros Mútuos, prestigiosa institución que en pocos años alcanzó notable desarrollo. El 8 de mayo de 1892 la Sociedad celebra el primer aniversario de la institución con un banquete en el local de la Sociedad Italiana. A los brindis, Don Fortunato Marcerazo, secretario de la Sociedad Italiana, propuso que ambas instituciones invitaran a la población a levantar un monumento a Cristóbal Colón; faltaban cinco meses para la fecha del IV Centenario del Descubrimiento. Españoles e italianos aprobaron entusiastamente la idea y enseguida comenzaron a trabajar por la realización del proyecto; se movilizó toda la población; para el mes de julio estaba en pleno funcionamiento la Comisión Central presidida por el Doctor Leopoldo Fernández Rodríguez y sus seis subcomités, organizados por nacionalidades: el argentino que presidía Don Ismael Ramírez; el español, presidido por Don Ramón Morán; el italiano por Don Pedro Michetti; el belga-franco-suizo, por Don Alfredo Mestais; el anglo-sueco-alemán, por Don Daniel Ross y el uruguayo por Don Francisco Caballero. El 3 de agosto de 1892 se puso la piedra fundamental y el 12 de octubre se inauguró simbólicamente el monumento; se había concluido el basamento pero la estatua no llegó para aquella fecha, por lo que fue substituida por un busto de yeso; el basamento es obra de constructores italianos: Juan Bautista Gilardoni, Cipriano Téppani y los hermanos Gabardi; la estatua fue hecha por el escultor José Raffo, en Buenos Aires.

El 9 de abril de 1899 la Asociación Española inauguró la Plaza Española. Se hicieron festejos y actos de distinta índole, entre otros un banquete en el Hotel de Oria. A partir de entonces, las romerías españolas de Monte Caseros tuvieron resonancia en la región; se hacían manifestaciones callejeras, bailes populares, comidas en la Plaza Española y la cena en lo de Oria. La influencia de la colectividad hispana estaba en su apogeo, en nuestro medio, en los últimos años del siglo pasado y primeros del actual.

El 9 de julio de 1900 se inauguró la calle España. Nuevo motivo de fiesta. Y fiesta a la española: intensa y extensa; hubo nuevamente bailes, romerías y alardes. Y como siempre, junto a ellos, los italianos prestando su concurso y aportando su latino entusiasmo.

Sería interminable la nómina de los españoles que, a fin de siglo, constituyeron factores primordiales en la vida local. A todos los ya nombrados hay que agregar por lo menos, a Don Servando Ortega, periodista de larga actuación entre nosotros; al Dr. Núñez, al Padre Paz Fernández, a los hermanos Comas, comerciantes y agricultores, a Juan Ormazábal, Domingo Amorós, Carlos Rovira, José Antonio Jáuregui, Dr. Manuel Yacosa, fundador del Club Social y Gerente del Banco de la Provincia. A Tomás Cabot, José Urrutia, Esteban Camino, los hermanos Mendiburu, Niceto de San Miguel de Oñate, Felipe Fagoaga y, muy especialmente, a aquel exquisito, educador que fue Don Isidro Jubany; era maestro nato y por 25 años dedicó sua afanes a la enseñanza; lo hizo con vocación de apóstol y notable perfección; su vida misma fue enseñanza, lección y ejemplo. Monte Caseros debe todavía su homenaje a este distinguido maestro español.

Entrado el siglo XX los hombres de España continuaron siendo factor ponderable en el medio local. Mucho les debe el comercio, la industria, la sociabilidad, el agro. No voy a nombrarlos. Son contemporáneos nuestros.

Ya sin Virreyes, ni oidores, ni capitanes generales, la evocación de estos hombres de trabajo que protagonizaron una segunda conquista, mayor que la primera, es el homenaje que hoy rendimos a España en la mesa Rotaria.”


(1) Ricardo E. Sagarzazu. La Fundación de Monte Caseros y otros estudios. Colección las 4 estaciones. Ovejero Martín Editores, Impreso en Acquatint, Bv. Segui 828, Rosario. Agosto de 1998.

lunes, 2 de abril de 2012

EL ARROYO SANTA LUCÍA EN 1950


El arroyo Santa Lucía en 1950 y el puente que permitía llegar a la Escuela 32.


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Todos sabemos que nuestro pueblo se encuentra ubicado sobre la margen derecha del río Uruguay y que él constituye uno de nuestros más preciados  afectos.

Pero además nosotros los montecasereños, en otros tiempos teníamos nuestro arroyo privado. Un arroyo personal y propio, a la vista de todos los vecinos en el medio de nuestro pueblo. En esa época en 1950, el arroyo Santa Lucía y la actual calle Juan Perelló,    eran la misma cosa.

El Presbítero Juan Perelló y Ferrer ya había fallecido el 26 de septiembre de 1946 y el arroyo y la calle que lleva su nombre, eran lo mismo y cruzaban el pueblo siguiendo la pendiente de las aguas de Sur a Norte.

Pero además era un arroyo con puente y todo. En la intersección de la calle 2 de Febrero  y el arroyo-calle Santa Lucía-Juan Perelló, había un hermoso puente de madera que cruzaba de vereda a vereda desde la Farmacia Anglo Argentina hasta la vereda de enfrente. (1)

Como yo concurría a la Escuela 32, ese paso era el obligado para ir de casa a la escuela.  Que diversión representaba para mí cruzarlo de ida y regreso, lo que hacía mucho más amena la concurrencia a la escuela. Cuando llegábamos a la escuela, antes del comienzo de las clases  nos daban de almorzar. Las maestras, entre ellas mi madre y mi hermana Lupe, servían un locro de rechupete con galleta del día. Todo se servía a discreción. Yo por supuesto comía dos veces, una en casa de compromiso antes de salir; y otra cuando llegaba.

Unos minutos antes de servirse el almuerzo y cuando ya las ceremonias escolares de ingreso habían sido cumplimentadas, llegaba la jardinera de la panadería de Zabala trayendo dos bolsas aun calientes de las galletas más sabrosas que alguien pueda imaginarse, dando paso desde mi punto de vista infantil,  al inicio del verdadero día escolar, la locreada. 

Siempre agradezco a Dios y a mis padres  el haber nacido y pasado mi infancia en Monte Caseros. Que de circunstancias favorables que se me dieron para comenzar a vivir y pasar la infancia. Que maravilloso país que era el nuestro en ese momento. Era todo demasiado bueno para ser perdurable.


(1) Por donde pasaba el Santa Lucía, en 1950, la calle se llamaba Juan Perelló, y al principio esta calle se llamaba Jujuy. En relación a la actual Mendieta,  como en la esquina con la actual Avenida del Libertador, estaba la Usina de Balbi,(1930) se llamó Edison, por Thomas Alba Edison, luego se llamó 2 de Febrero y en la actualidad Mendieta, pero siempre es la misma calle, lo que cambian son los gobiernos y los irrespetuosos de nuestra tradición, que confunden progreso con el cambio de los nombres de las calles.

sábado, 31 de marzo de 2012


ASI ENTRABAMOS Y SALIAMOS DE CLASES EN LA ESC. 32

Por: Roberto Antonio Lizarazu
A mi amigo Luís Alberto Ponzoni.

Hace pocos meses, el 3 de noviembre último, se conmemoró el ciento cuarenta y siete aniversario del fallecimiento de Juan Chassaing, el autor de los versos de la inmortal marcha A mi bandera.

Cuando el suscripto era un niño, por que todos los mayores en algún momento más o menos lejano lo fuimos, entre los años 1945 y 1951, cursé la primaria en la Escuela Nº 32 de Monte Caseros y el ingreso a las aulas y el egreso de la Escuela se realizaba cantando a viva voz A mi bandera, por supuesto luego de izar y arriar la misma y musicalizado por una maestra que acompañaba tocando  el piano que se encontraba en el hall central o Salón de Ceremonias como se denominaba en esa época.

Para algún progresista desmemoriado conviene recordar que el período entre los años 1945 y 1951, correspondieron a la primera  presidencia de Perón.

La letra de A mi bandera  fue redactada por el porteño Juan Chassaing nacido el 15 de julio de 1839 y la música compuesta por el italiano Juan Imbroisi, nacido en Paola el 27 de febrero de 1866. De ambos haremos una breve reseña de sus respectivas y dispares vidas.

Juan Chassaing se recibió de abogado en 1862 y fue soldado; cuando no, periodista y además parlamentario. Comenzó su carrera periodística publicando notas en 1857 en el periódico  de tendencia liberal La Espada de Lavalle con el seudónimo de Aristarco. Luego en 1862 integró la dirección del periódico El Nacional  y en 1864 fundó y fue redactor del periódico El Pueblo, poco tiempo antes de fallecer. Todos ellos en Buenos Aires.

Chassaing tiene una destacada participación en los conflictos que ocasionaron la separación de Buenos aires de la Confederación.  Integró las tropas porteñas comandadas por Bartolomé Mitre durante los enfrentamientos con las fuerza de la Confederación que lideraba Justo José de Urquiza. Chassaing participó en la batalla de Cepeda en 1859 y en la de Pavón en 186l.

Hay varias interpretaciones de diferentes autores del momento preciso cuando Chassaing pudiera haber escrito los versos de A mi bandera. En mi opinión, me inclino a suponer que la más factible es la siguiente, la que además es comentada por Ricardo Gutiérrez (1836-1896) en sus memorias.  Luego de ser derrotados en Cepeda, las tropas retrocedieron hasta San Nicolás de los Arroyos donde se dividieron en diversas fracciones que hacía más fácil la huída y la dispersión de los mitristas. Chassaing queda integrando un grupo diferente al del abanderado en la batalla, quienes regresan hacia Buenos Aires por otro rumbo.

En el grupo que regresa el abanderado, también lo hizo un amigo personal de Chassaing, el destacado médico Ricardo Gutiérrez, quien además compartía con Chassaing la inclinación por las letras y por la poesía. Antes de partir Chassaing  le entrega a Gutiérrez un sobre con diversa papelería para que lleve a Buenos Aires.

Gutiérrez supone y así lo aclara en sus memorias, que el mismo fue quien llevó esos versos a la casa de la familia Chassaing, entre el resto de la papelería. No está demás recordar que el Hospital de Niños de Buenos Aires, lleva el nombre de Doctor Ricardo Gutiérrez en homenaje a su labor pediátrica.
La música correspondió a Juan Imbroisi.

A MI BANDERA

Aquí está la bandera idolatrada,
La enseña que Belgrano nos legó.
Cuando triste la Patria esclavizada
Con España sus vínculos rompió.

Aquí está la bandera esplendorosa
Que al mundo con sus triunfos admiró.
Cuando altiva en la lucha y victoriosa
La cima de los Andes escaló.

Aquí está la bandera que un día
En la batalla tremoló triunfal,
Y llena de orgullo y bizarría
A San Lorenzo se dirigió inmortal.

Aquí está como el cielo refulgente
Ostentando sublime majestad.
Después de haber cruzado el continente
Exclamando a su paso:
¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

Esta es la letra original redactada por Chassaing. Previamente a su publicación, ya adaptada la música de Imbroisi, en 1900, el renglón “con España sus vínculos rompió” se modificó por “con valor sus vínculos rompió”, que es la versión que nosotros cantábamos a grito pelado en la Escuela Nº 32 de Monte Caseros.

Siguiendo con Imbroisi; llega a nuestro país a fines del siglo 19, cuando Chassaing ya había prematuramente fallecido. Se dirige a Córdoba donde continuó sus estudios de armonía y composición musical. En 1889 ingresó al Ejército desempeñándose como Director de Banda. En 1906 ingresó a la Escuela de Música Militar y fue maestro de la banda del Regimiento 7 de Infantería.

Imbroisi escribió la música de numerosas marchas y canciones patrióticas, entre ellas la notable A Mi Bandera, que nos ocupa en este comentario y que fuera cantada por primera vez en una ceremonia en Campo de Mayo en noviembre de 1906. Imbroisi fallece en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1942.

Fue enterrado con honores en el panteón militar de la Chacarita y acompañado por una banda militar a los sones de A mi Bandera.

“Aquí está la bandera idolatrada, la enseña que Belgrano nos legó”.


miércoles, 14 de marzo de 2012

1948 - Entrevero entre soldados y policías en el corso de Monte Caseros

Por:Roberto Antonio Lizarazu


Este incidente ocurrió en los carnavales de 1948. En esos años el corso se realizaba en dos cuadras de largo sobre la calle Alvear, del 1000 al 1200. Casualmente nuestra casa quedaba en el centro del corso, en Alvear 1075.
La pica que existía entre los soldados destinados en los distintos regimientos que había en nuestro pueblo y los policías de Monte Caseros, eran un clásico pueblerino en permanente in crescendo; y que hasta ese momento habían quedado limitados a las peleas dentro del ámbito del Punta de Fierro o de La Cuadrada, pero nunca habían tenido una importancia tan grave y un escenario tan visible para evidenciarse.


Una noche cuando finalizaba el corso, cosa que ocurría a las 24 horas puntualmente, se armó un entrevero generalizado entre soldados y policías. Los policías armados con sus sables cortos y semicurvos que se usaban en esa época y los soldados “desarmados”, desarmados de armas blancas, pero armados con sus cintos de cuero, provistos de una hebilla metálica de gran tamaño, que eran utilizados como un arma efectiva y temible. Veinte años de edad, bien alimentados, con instrucción militar diaria, armados de sus cintos, presumiblemente entonados con alguna de las bebidas que se vendían en las calles transversales por medio de algunos paisanos que devenidos en bolicheros y utilizando sus jardineras traían distintos canastos con empanadas y otros comestibles que se vendían a la vista y damajuanas y porrones de diferentes bebidas que se comercializaban disimuladamente sin que nadie reparara en nada, por detrás de la jardinera.


Además de todos estos detalles y sobre todo por su mayor número de contendientes, la suerte a favor de los soldados
estaba echada antes de comenzar la gresca.


Nosotros, simple testigos de los hechos, nos retiramos de apuro cargando cada uno su silla hasta dentro de la casa, por que los vecinos, llamémosles frentistas, sacábamos las sillas y observábamos el corso sentados en el veredón.
Finalmente terminamos viendo la pelea detrás de las rejas de las ventanas de los dormitorios y se podía observar, por el desbande de los policías, una amplia ventaja de los soldados. Los heridos fueron numerosos y de ambas partes. Esto se podía deducir fácilmente a la mañana siguiente, por la cantidad de sangre que, a falta de papel picado y de pomos usados, adornaban profusamente las veredas de lajas coloradas de la calle Alvear.


Este incidente dio que hablar por meses a los vecinos y se agrandaba en el número de heridos y en la cantidad de acciones de coraje y de habilidad en el manejo de las diferentes armas a medida que pasaban los días.
Aclaro que en Alvear al 1100 funcionaba una gomería y surtidor de combustible de la familia Acevedo, que eran nuestros vecinos y que un par de años antes había sufrido un siniestro de proporciones. En un momento determinado una de las escaramuzas más risueña resultó ser la de un policía que peleando con su sable contra dos soldados, imprevistamente se vio atacado por el perro de los Acevedo que se había soltado. El policía no tiene la mejor idea, cosa que no había hecho contra los soldados, de sacar su revolver y atacar a balazos al animal. Menos mal que no atinó a nadie ni a los soldados ni al perro. Solamente dejó picadas las paredes del frente de la gomería. Los vecinos comentaban que probablemente este policía también había previamente visitado varias veces a las jardineras mencionadas mas arriba.


Que verdad resultan ser los versos que José Hernández cuando le hace decir a Fierro en su Capítulo XI, verso 1930 de “El Gaucho Martín Fierro”, que:
“… y se enllenó de tal suerte
Que andábamos a empujones;
Nunca faltan encontrones
Cuando un pobre se divierte”

martes, 13 de marzo de 2012

El Almacén de Goya y la Cigarrería de Goya

Por: Roberto Antonio Lizarazu


Como ya comenté anteriormente, en la década de 1945 a 1955, vivíamos en Alvear 1075 (Alvear entre Santa Fe y Entre Ríos, hoy sería, Alvear entre El Maestro y Entre Ríos) y en ambas esquinas de la cuadra, tanto al 1000 como al 1100, existían dos locales comerciales de diferentes rubros, pero ambos pertenecían a dueños que llevaban el mismo apellido: Goya.


Al 1000 de Alvear estaba en la esquina sureste el Almacén de Goya con el domicilio familiar al lado y en Alvear al 1100 en la esquina noroeste, la Cigarrería de Goya, también con el domicilio de la familia anexo. (Ver el incendio de la Cigarrería de Goya).


El almacén de Goya se encontraba exactamente enfrente del correo, que quedaba en la esquina noreste de Alvear al 1000.
Ambas familias, los Goya, no eran parientes entre sí.

lunes, 12 de marzo de 2012

EL FERROCARRIL LLEGA A MONTE CASEROS


Por: Roberto Antonio Lizarazu


En el portal Corrientes Opina, hace unos días le comentaba al Profesor Juan Carlos Pola Raffo, que en relación a la reiterada frase atribuida a Sarmiento “De Corrientes ni el polvo de mis botas llevaré”, se debería tener en cuenta lo siguiente: “Una de las tantas fábulas que conforman nuestra “bibliografía” histórica, es la que en un momento determinado, Sarmiento al retirarse por ferrocarril de Corrientes; y entrando a Entre Ríos, al momento que se limpiaba sus zapatos, pronunció la famosa frase “De Corrientes ni el polvo de mis botas llevaré”.


Le decía al profesor Raffo que: “Hay que reconocer que la frase en cuestión, entraña cierto atractivo teatral y melodramático y es fácilmente recordada por las personas que la escuchan. Pero de ahí a ser verdad hay una gran diferencia.”


“Veamos que tiene para ilustrarnos la “Historia de los Ferrocarriles Latinoamericanos” de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas, Montevideo, 1982. El actual Ferrocarril General Urquiza, se denominaba en sus inicios Ferrocarril Argentino del Este, y comprendía el recorrido entre Concordia y Monte Caseros o sea el tramo no navegable del Río Uruguay. Fue inaugurado en dos tramos, el primero de Concordia a Federación el 29 de marzo de 1874, durante la presidencia de Sarmiento, y el segundo tramo, de Federación a Monte Caseros inaugurado el 20 de abril de 1875, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. Por aquellos días, la estación se llamaba Chajarí, y la localidad Villa Libertad, pero debido a las confusiones que ocasionaba el uso de los dos nombres, una ley provincial determinó que se llamara Chajarí a partir del año 1934.

“Resumiendo: Sarmiento (presidente del 12.10.1868 al 12.10.1874) inaugura el tramo ferroviario de Concordia a Federación el 29 de marzo de 1874. Avellaneda (presidente del 12.10.1874 al 12 de octubre de 1880) inaugura el 20 de abril de 1875 el tramo Federación Monte Caseros. Es Avellaneda quien llega a Monte Caseros y es homenajeado esa misma noche del 20 de abril (2) en el Club Progreso de Monte Caseros, situado en la calle Alvear. El que se retira de Monte Caseros, por ferrocarril hacia Buenos Aires, es Avellaneda, no Sarmiento.”
“Sarmiento jamás estuvo en Corrientes vivo. Fallecido en Paraguay estuvieron sus restos en Corrientes, capital donde se le realizó en la iglesia de la Merced un responso en su carácter de ex presidente.”


Un testigo presencial.
Pero lo que nunca se tiene en cuenta, al margen de los clásicos autores históricos, tanto del ámbito de nuestra provincia como los autores de mayor alcance temático, es de la existencia de un testigo presencial de la visita de Avellaneda a Monte Caseros, y que lo dejó todo detalladamente escrito. Se trata de un niño de 12 años que con el tiempo llega a ser un importante funcionario en varias actividades que se desenvuelve. Se trata del doctor Fabián Panelo y su libro “Páginas Sueltas”. (1)


Con Panelo se termina la “guitarreada” sobre este tema. El estuvo ahí, lo vio todo y lo escuchó todo; y de adulto lo escribió.


Previamente a los recuerdos del niño Panelo, mencionaremos lo que nos señala sobre el particular, Ricardo E. Sagarzazu en su obra “La Fundación de Monte Caseros y otros estudios”, impreso por Ovejero Martín Editores, Rosario, 1998, “El 19 de abril de 1875 (2) el nuevo Presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, inauguraba el segundo tramo de la línea con un tren que lo llevó, acompañado de brillante y numerosa comitiva, desde Concordia hasta Monte Caseros. La celebración en este pueblo en este pueblo fue exultante. Se levantaron arcos triunfales sobre el último kilómetro de vía. Se oyó en la Estación del Este la música de varias bandas militares mientras en el aire estallaban bombas de estruendo. La muchedumbre, gentes del pueblo y de los campos montecasereños, desbordaba su grito de alegría. El Padre Solari, párroco de la villa, decía sus latines para bendecir el elegante edificio de corte victoriano que todavía hoy se nombra como “estación del Este”. Un banquete se sirvió distribuido en las distintas salas de la Terminal ferroviaria. A los postres se oyó la palabra de aquel famoso orador que fue Nicolás Avellaneda.”


Ahora sí reproduciremos los recuerdos escritos por el niño Panelo en su obra que ya mencionamos: “Vi desfilar personajes de nombradía cuyos apellidos y hechos me eran conocidos debido a mi temprana afición de asiduo lector de diarios. Llegó la hora de los discursos y el Presidente Avellaneda inició la serie. Carecía yo, como era consiguiente, de la aptitud y el discernimiento para juzgar su oratoria. Sólo recuerdo que su voz tenía acentos armoniosos y que me había producido una deliciosa sensación de dulzura y embeleso.” (1)


Es preciso reiterar que el discurso de Avellaneda que embelesó al niño Panelo, ocurrió en la Estación del Este, en horas vespertinas. Era la hora de los discursos, esa fue la inauguración oficial de la línea ferroviaria. A la noche en el Club Progreso fue el baile de homenaje. No hubo discursos, solamente se bailó hasta la madrugada.




(1) Fabián Panelo. “Páginas Sueltas” Editado por Librería La Facultad, Buenos Aires, 1927.
(2) Hay un día de diferencia entre la fecha mencionada por Sagarzazu y la CEPAL.

viernes, 9 de marzo de 2012

VELAZCO-IRASTORZA


Por: Roberto Antonio Lizarazu


Perón visita Corrientes y es recibido por Velazco e Irastorza. Foto Diario Época


05.12.1948 - VELAZCO-IRASTORZA: UN ESQUINENSE Y UN MONTECASEREÑO, QUIENES OPORTUNAMENTE COMPUSIERON UNA EXITOSA FÓRMULA POLITICA






Dentro de pocos días se cumplirán sesenta y tres años de ese notable y ejemplar suceso que honra la vida institucional y democrática de nuestra provincia.


Seguramente en el ámbito político de nuestra Provincia, la fórmula de gobierno compuesta por el primeramente Interventor y luego Gobernador de nuestra Provincia, el esquinense, General Juan Filomeno Velazco, acompañado por un montecasereño, el doctor Fernando Irastorza, constituyeron una de las fórmulas de gobierno electas mas eficientes y transparentes de nuestra historia institucional democrática.


Juan Filomeno Velazco nace en Esquina el 5 de julio de 1892 y es el séptimo hijo del matrimonio de Don Eustaquio Velazco y de la señora Marcelina Martínez. En el año 1910 ingresa al Colegio Militar de la Nación e inicia una destacadísima carrera profesional que culmina entre otras funciones, como titular de la Secretaría del Ministerio de Guerra y luego en la Jefatura de Seguridad de la Policía de la Capital Federal.




Estando en actividad, seguramente su labor más relevante la ejerció cuando fuera designado para la organización como ente competente de los delitos federales, como el primer Jefe de la Policía Federal Argentina, cargo que cumplimentó hasta el 7 de julio de 1947.


Ya retirado de la actividad militar, el 12 de septiembre de 1947 es designado por el Poder Ejecutivo como Interventor de nuestra Provincia y comienza su notable labor política y de Hombre de Estado, la que incluso opaca sus logros meramente profesionales.


El 5 de diciembre de 1948, día que se constituyó en un hito trascendental para la historia del adecuado funcionamiento de nuestra vapuleada institucionalidad democrática provincial, conformando la fórmula Velazco-Irastorza, ganan las elecciones provinciales para gobernador y vice por amplio margen, y ambos asumen sus cargos el 12 de marzo de 1949.


El doctor Fernando Irastorza Irastorza (sic), mal que les pese a mis numerosos familiares curuzucuateños, era nacido en Monte Caseros y así consta en los registros correspondientes sobre el particular. (1) Reitero nace en Monte Caseros el 22 de marzo de 1910, en el establecimiento “San José” propiedad de su padre. Era hijo de José Miguel Irastorza oriundo de Beasain, Guipúzcoa, (País Vasco) y de Angela Irastorza Insausti, nacida en Artigas (ROU).




Fernando estudia el secundario en el Colegio San José, un Colegio de Padres Bayoneses en la calle Azcuénaga y Bartolomé Mitre, en Balvanera, Buenos Aires y estudia medicina en la Universidad de La Plata.




Ya recibido de médico y destacándose como cirujano, finalmente luego de casarse con la señora Adela Coppola Amadeo en diciembre de 1937 a los veintisiete años, se radica en Curuzú Cuatiá, lugar donde residía su hermano Juan Irastorza.


La labor de gobierno de ambos mandatarios es largamente favorable para los intereses de nuestra provincia y sobre todo para los de nuestra sociedad. Para no cansar con datos, solamente detallaremos las concreciones más trascendentes.


Se destacan entre las mismas las denominadas genéricamente “Obras Públicas”, las que siempre sufrieron muy mala prensa en razón de que cuando los emprendimientos son realizados por gobiernos denominados de izquierda son criticadas por los denominados de derecha y viceversa. En relación a este tema, proyectos de gran escala como base de la recuperación económica y sobre todo el empleo de mano de obra masiva, fueron llevados a cabo por distintos gobernantes de ideologías opuestas con diversa suerte. Solamente en el siglo 20, desde Franklin Delano Roosevelt, con su New Deal; Getulio Vargas, Adolf Hitler, Benito Mussolini, Joseph Stalin, Juan Domingo Perón, además de otros programas mas modestos. Los proyectos de obras públicas siempre merecieron las más enconadas críticas de sus circunstanciales oponentes ideológicos sin ninguna posibilidad de equilibrio ni de encontrar el necesario justo medio. Pareciera que la premisa fuese: Toda obra que realice mi adversario político, en principio está mal hecha.


De esta característica crítica, tampoco se eximieron a pesar de la reconocida probidad de ambos integrantes del Ejecutivo de nuestra Provincia. Las críticas periodísticas del momento rozaron lo difamatorio y las acusaciones de diversa índole fueron habituales. Consultando las hemerotecas de los diversos medios opositores de ese momento se puede constatar lo mencionado.


En nuestra provincia se pavimenta la actual ruta 12 (en ese momento denominada Ruta Juan Domingo Perón) bordeando el Río Paraná que une en sus extremos Corrientes Capital con Esquina y se construyen todos los puentes necesarios entre ambas ciudades, incluyendo el puente sobre el Río Corrientes que une Goya con Esquina de 680 metros de longitud y que fuera en su momento para nuestra provincia un notable logro de la ingeniería vial.


Se realiza el enripiado de la actual ruta 14 (Denominada Ruta General San Martín) con su traza paralela al Rió Uruguay, desde su límite con la Provincia de Entre Ríos hasta la de Misiones, uniendo los Departamentos de Monte Caseros, Paso de los Libres, San Martín (La Cruz), Alvear, Santo Tomé y continuando hasta la Provincia de Misiones. Hoy ambas rutas son parte del complejo denominado genéricamente “Ruta del MERCOSUR”.


Se concreta una ruta de 150 km. (la 126) uniendo las ciudades de Curuzú Cuatiá, con Esquina y (parte de la 119) con Monte Caseros. Todos estos trazados merecieron las correspondientes obras de puentes, desagües y alcantarillados correspondientes, la mayoría de los cuales aún se hallan en pié en perfecto estado de conservación y en servicio permanente.


En este período de gobierno, el 26 de julio de 1950, se crea La Casa de Corrientes y se funda el Banco de la Provincia de Corrientes. Aunque en mi opinión personal uno de los logros de mayor importancia, si no el más importante, fue la construcción de más de 1.100 viviendas en toda la provincia que posibilitó convertirse en propietarios a 1.100 familias correntinas. No es poca cosa para una provincia que se caracteriza por el desarraigo masivo y progresivo de sus habitantes.


Estas viviendas fueron concretadas por dos vías crediticias y con diferentes modalidades de planes, por el Banco Hipotecario Nacional y por el Instituto de Previsión Social de La Nación, que en coordinación con el gobierno provincial y las respectivas municipalidades llevaron a cabo este importante proyecto.


Además en ese período gubernamental se construyeron y pusieron en marcha 23 Escuelas de enseñanza primaria, 4 en Corrientes Capital y 19 en el interior de nuestra provincia. Cifra nunca igualada dentro del ámbito educativo provincial para un solo período de gobierno; y eso que en esa época las obras públicas se inauguraban una sola vez.


Como en el orden nacional había comenzado a regir la nueva Constitución Nacional a partir del 16 de marzo de 1949, fue necesario adaptar nuestra Constitución provincial a las nuevas premisas instituidas en el orden nacional. El 30 de mayo de 1949 fue sancionada por nuestra Legislatura la respectiva Constitución Provincial con las adaptaciones correspondientes.


Posteriormente el doctor Irastorza es designado en el cargo de Ministro de Gobierno del nuevo gobernador, el también esquinense, el doctor Raúl Benito Castillo quien asume el 5 de junio de 1952, con la fórmula Castillo-Forte, pero eso ya es otra historia y nos ocuparemos, en otra ocasión.




(1)-La Partida de Nacimiento así lo confirma. Si bien es verdad que hace unas décadas circularon copias de una Partida de Nacimiento evidentemente apócrifa, donde figuraba como lugar de nacimiento del doctor Irastorza la ciudad de Curuzú Cuatiá, las mismas eran de una falsedad insalvable.