Mostrando entradas con la etiqueta Anécdotas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anécdotas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de marzo de 2012

1948 - Entrevero entre soldados y policías en el corso de Monte Caseros

Por:Roberto Antonio Lizarazu


Este incidente ocurrió en los carnavales de 1948. En esos años el corso se realizaba en dos cuadras de largo sobre la calle Alvear, del 1000 al 1200. Casualmente nuestra casa quedaba en el centro del corso, en Alvear 1075.
La pica que existía entre los soldados destinados en los distintos regimientos que había en nuestro pueblo y los policías de Monte Caseros, eran un clásico pueblerino en permanente in crescendo; y que hasta ese momento habían quedado limitados a las peleas dentro del ámbito del Punta de Fierro o de La Cuadrada, pero nunca habían tenido una importancia tan grave y un escenario tan visible para evidenciarse.


Una noche cuando finalizaba el corso, cosa que ocurría a las 24 horas puntualmente, se armó un entrevero generalizado entre soldados y policías. Los policías armados con sus sables cortos y semicurvos que se usaban en esa época y los soldados “desarmados”, desarmados de armas blancas, pero armados con sus cintos de cuero, provistos de una hebilla metálica de gran tamaño, que eran utilizados como un arma efectiva y temible. Veinte años de edad, bien alimentados, con instrucción militar diaria, armados de sus cintos, presumiblemente entonados con alguna de las bebidas que se vendían en las calles transversales por medio de algunos paisanos que devenidos en bolicheros y utilizando sus jardineras traían distintos canastos con empanadas y otros comestibles que se vendían a la vista y damajuanas y porrones de diferentes bebidas que se comercializaban disimuladamente sin que nadie reparara en nada, por detrás de la jardinera.


Además de todos estos detalles y sobre todo por su mayor número de contendientes, la suerte a favor de los soldados
estaba echada antes de comenzar la gresca.


Nosotros, simple testigos de los hechos, nos retiramos de apuro cargando cada uno su silla hasta dentro de la casa, por que los vecinos, llamémosles frentistas, sacábamos las sillas y observábamos el corso sentados en el veredón.
Finalmente terminamos viendo la pelea detrás de las rejas de las ventanas de los dormitorios y se podía observar, por el desbande de los policías, una amplia ventaja de los soldados. Los heridos fueron numerosos y de ambas partes. Esto se podía deducir fácilmente a la mañana siguiente, por la cantidad de sangre que, a falta de papel picado y de pomos usados, adornaban profusamente las veredas de lajas coloradas de la calle Alvear.


Este incidente dio que hablar por meses a los vecinos y se agrandaba en el número de heridos y en la cantidad de acciones de coraje y de habilidad en el manejo de las diferentes armas a medida que pasaban los días.
Aclaro que en Alvear al 1100 funcionaba una gomería y surtidor de combustible de la familia Acevedo, que eran nuestros vecinos y que un par de años antes había sufrido un siniestro de proporciones. En un momento determinado una de las escaramuzas más risueña resultó ser la de un policía que peleando con su sable contra dos soldados, imprevistamente se vio atacado por el perro de los Acevedo que se había soltado. El policía no tiene la mejor idea, cosa que no había hecho contra los soldados, de sacar su revolver y atacar a balazos al animal. Menos mal que no atinó a nadie ni a los soldados ni al perro. Solamente dejó picadas las paredes del frente de la gomería. Los vecinos comentaban que probablemente este policía también había previamente visitado varias veces a las jardineras mencionadas mas arriba.


Que verdad resultan ser los versos que José Hernández cuando le hace decir a Fierro en su Capítulo XI, verso 1930 de “El Gaucho Martín Fierro”, que:
“… y se enllenó de tal suerte
Que andábamos a empujones;
Nunca faltan encontrones
Cuando un pobre se divierte”

martes, 13 de marzo de 2012

El Almacén de Goya y la Cigarrería de Goya

Por: Roberto Antonio Lizarazu


Como ya comenté anteriormente, en la década de 1945 a 1955, vivíamos en Alvear 1075 (Alvear entre Santa Fe y Entre Ríos, hoy sería, Alvear entre El Maestro y Entre Ríos) y en ambas esquinas de la cuadra, tanto al 1000 como al 1100, existían dos locales comerciales de diferentes rubros, pero ambos pertenecían a dueños que llevaban el mismo apellido: Goya.


Al 1000 de Alvear estaba en la esquina sureste el Almacén de Goya con el domicilio familiar al lado y en Alvear al 1100 en la esquina noroeste, la Cigarrería de Goya, también con el domicilio de la familia anexo. (Ver el incendio de la Cigarrería de Goya).


El almacén de Goya se encontraba exactamente enfrente del correo, que quedaba en la esquina noreste de Alvear al 1000.
Ambas familias, los Goya, no eran parientes entre sí.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Esos ángeles de pueblo

Por: Juan Abel Angélico
Era uno de esos extraños personajes que como dice el tango La bicicleta blanca:”Nadie sabe, de dónde cuernos viene, jamás se le conoce a dónde diablos va”, uno de esos personajes, mezcla de extraños, tiernos y con algo de ángeles.
Siempre aparecía de pronto y también rápidamente se perdía de vista, lo que alimentaba nuestra fantasía de niños viéndolo algunos como un fantasma, si algunos hasta juraban que lo vieron de blanco como un ángel, para otros era papa Noel disfrazado que recorría las calles para ver si los niños se portaban bien, cuando la navidad estaba cerca.
Lo llamaban Faifer o tal vez se llamaba así, siempre estaba vestido con un raído traje oscuro, pañuelo bien doblado en su bolsillo, una flor en el ojal , sombrero de tangero y siempre que se cruzaba con una dama le regalaba un respetuoso piropo, de los de antes, que siempre las hacia sonreír.
Todavía , después de muchos años sigo pensando que el como  muchos otros personajes de los pueblos son ángeles enviados por Dios para dejarnos alguna enseñanza que cuando niños no sabemos interpretarla y actuamos como lo describe la canción “La bicicleta blanca” de Astor Piazolla y Horacio Ferrer.

“Mi viejo Flaco Nuestro que andabas en la Tierra: ¿Cómo te olvidaste que no somos ángeles sino hombres y mujeres? ...”

jueves, 2 de diciembre de 2010

Soy ex alumno del Colegio Nacional de Monte Caseros

Por: Roberto Antonio Lizarazu


El 15 de marzo de 1949 comienza a funcionar el Colegio Nacional de Monte Caseros. El Colegio no tenía edificio propio y comenzó sus tareas en el primer piso de la Escuela del Centenario, comúnmente denominada Escuela Nº 88.


Ahí hice el primer año del secundario en 1952. Mis amigos de la misma división fueron: Alberto Gogorza (Chichura), el flaco Brero (el hermano menor de los Brero), Miguel Antonini, Bebé Raimbault, Digna del Carmen Pucheta, Rosalía Stupinicki, Olga C. Stupinicki, Lidia Elena Villafañe, Clementina Miño, Rosa Issler, Enrique M. Varela, Sergio Escobar, Martha René Díaz, Nora Silva, Karina Raquel Díaz, y de años superiores: Héctor Legal, Poldy Bird, el Negro Centurión, Raquel S. Segura y Ana Stupiniki.


Por supuesto los nombrados son los que firmaron el álbum de fin de año. Al resto les pido disculpas por no memorizar sus nombres y apellidos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Siguen los incendios

Por: Roberto Antonio Lizarazu


La vereda impar de la calle Alvear, podría denominarse: La vereda de los incendios casereños.


Yo viví pocos años en Monte Caseros. Desde mi nacimiento hasta los trece años. Pero en ese período los dos incendios que ocurrieron, a los de la Gomería de Acevedo y la Cigarrería de Goya, se le debe agregar el incendio de la casa y el negocio de relojería y joyería de Samuel Sistolisky, que había ocurrido un par de años antes de mi nacimiento.


Nací en La Querencia, un almacén de ramos generales ubicado en la esquina noreste de Alvear y España. Pero previamente a que se pudiese comenzar a funcionar La Querencia, hubo que efectuar importantes refacciones, algunas de elllas directamente hacerlas a nuevo, debido a que el edificio había sufrido un incendio de proporciones en el comercio y la vivienda de la familia de Samuel Sistolisky, un antiguo vecinoy comerciante de nuestro pueblo. Este incendio ocurrió en el invierno de 1937.


Estos tres incendios ocurrieron en la vereda impar de la calle Alvear, entre 1937 y 1948.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Mensajero

 Por: Juan Abel Angélico
De pronto a la madrugada me despierta una voz, con un tono que dejaba adivinar, algo de miedo o timidez., seguramente por que en algunas casas no eran bien recibidos a esas horas. -mensajerooo!!, escucho que se levanta mi padre a firmar el telegrama de servicio. Era el mensajero del ferrocarril que le traía el aviso que debía presentarse para salir a trabajar.
Siento que se levantaba mi madre, a prepararle algo de comer para las largas horas de viaje que seguramente debía emprender. Sentía ese aroma a milanesas las que antes se hacían en nuestras casas y ahora se compran echas, y luego las picaba en trozos pequeños por que seguramente para papá era mas fácil comerlas de esta forma mientras conducía el tren. Luego le alistaba la bolsa de cuero, donde llevaba una pequeña vianda con las milanesas y algunas rodajas de pan, también un pequeño recipiente de aluminio con tapa con la yerba para el mate y una libreta para anotar lo referente al viaje para hacer el informe en su destino.
Mientras tanto el prepara su valija de cuero, las que ahora no se consiguen mas, ponía sus ropas siempre impecables, su equipo de afeitarse del cual todavía recuerdo el perfume de su loción.
Por ultimo se despedía de nosotros con un beso, y se iba siempre, contento rumbo a la estación a la que acostumbraba llegar mucho rato antes de la hora debida.
Luego de algunos días, regresaba,
- que nos trajiste? le decíamos después de darle un beso, y sacaba de su bolsa de cuero negra una bolsita de papel madera con las tan esperadas golosinas, siempre nos traía alfajores, caramelos, chocolatines o galletitas. Costumbre que siempre tubo hasta cuando yo adulto ya, volvía de visitas a la casa de mis padres.
Recuerdo también, cuando le venían a visitar sus primos también maquinistas del ferrocarril, de Concordia Entre Ríos, a los que nosotros llamábamos “Tío Vicente” y “Tío Cotogno” los dos muy queridos por nosotros, y esas interminables charlas sobre el ferrocarril que mantenían con mi padre.
Uno de las cosas que siempre tengo presente era cuando tenia que ir a trabajar en medio de una tormenta, caminando varias cuadras.
-Pobre, te vas a mojar mira como llueve-, le decía mama.
– Pobre seria si no tuviese trabajo-. Respondía el
Me crié en Monte Caseros, fue un pueblo ferroviario, era habitual escuchar el silbato de las locomotoras, o cuando el viento lo permitía, sentir el olor de las locomotoras a vapor. Era habitual ver en las calles el trajinar apurado de guardas y maquinistas que con su equipaje y uniformes se iban o volvían de su trabajo, también los operarios de los talleres y los empleados de las oficinas que eran cientos.
Lamentablemente todo eso se perdió, muchas familias quedaron en la calle, después de las privatizaciones.
Con este humilde trabajo pretendo recordar a todos los empleados del ferrocarril de mi pueblo los que quedaron sin trabajo y en especial a mi viejo a quien, cuando regreso a Monte Caseros, espero verlo todavía llegar a mi casa con su bolsa de cuero, su valija trayendo en cada viaje su equipaje de ejemplo y cariño que nos dejo a sus hijos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Mi último verano en Monte Caseros. Cuando me fui de mi pueblo…


 Por Juan Abel Angélico
Recuerdo que era una típica siesta del verano de 1978, mi madre me preparaba con tristeza los bolsos, acomodando con cuidado las ropas prolijamente planchadas y luego llenaba una bolsita con algo para comer en el viaje, mientras me hacia miles de recomendaciones las que si hubiese sido posible llevarlas necesitaría varios bolsos mas. Mis hermanos no se… por ahí andaban, mirando los preparativos, uno era pequeño, Fabián, y Sergio solo tenia casi tres años menos que yo.
Cuando salí de casa, todavía no me daba cuenta, pero quedaban atrás, junto con mis padres y hermanos, mi infancia, las tardes de cine, los paseos en bicicleta, las tardes sentados en la vereda tomando mate, disfrutando de ese hermoso clima que nos regala un aire fresco a la tardecita, el olor de flores de sus jardines, la gente buena de allí, quedaban 17 años de mi vida
Mi  padre me llevo en su Fiat 600  al lugar donde debía subir a un camión, que transportaba naranjas a Buenos Aires, el que me llevaría a la gran ciudad, donde comenzaría mis estudios universitarios.
De ese momento quedo en mi memoria los ojos húmedos de papa, y cuando el camión ya marchaba, el me regalo su reloj el que para el era una herramienta imprescindible en el trabajo, ya que el fue maquinista del ferrocarril.
A medida que el camión me alejaba de Monte Caseros, yo en ese momento no sabía pero,  también me alejaba inexorablemente de parte de mí, y que  nunca más seria igual para, mi familia ni para mí.
Después vinieron mis estudios universitarios, mas tarde el trabajo y los hijos pero yo volví muchas veces a casa pero… siempre como visita y en forma cada vez más espaciada.
 La etapa de estudiante fue dura  para mí, no tanto por mis obligaciones de estudiante sino por el desarraigo que significa estar lejos de el pueblo y la familia también, significo por ejemplo no ver crecer a mi  hermano , ni a mi hermana mas chicos.
Cada  vez que llego a la Terminal de colectivos de Monte Caseros, camino despacio las cuadras que me separan a la casa de mama, disfrutando del aire, de los olores de las flores, de la gente que pasa y te saluda, de el silencio y la tranquilidad característicos, en resumen disfrutando de mi pueblo.
Pasaron 30 años y aun me duele la tristeza de mis padres y hermanos cuando partí en búsqueda de un porvenir,  ahora como padre los entiendo cada vez más.
Monte Caseros es un hermoso pueblo en el sur de corrientes, con calles anchas, donde las rejas en la ventana solo son decorativas y la gente acostumbra a sentarse a tomar mate en las veredas, un pueblo de gente trabajadora y buena.
Y allí esta mi viejita,  siempre esperando verme,  a la que cuando extraño   cierro los ojos y me imagino sentado tomando mate en la vereda con ella, charlando contándole cosas de mi familia
 Mi pueblo no se merece que año a año muchos jóvenes tengan que partir, como yo, para buscar un porvenir, por que allí es poco lo que hay.
Con el permiso de los lectores me voy a tomar un pequeño párrafo para agradecer a mis padres el gran sacrificio que hicieron para que yo sea lo que soy, y a mis hermanos Sergio (estas leyendo esto desde el cielo junto con papa? )Fabián y Soraya por ser eso justamente… mis hermanos y  a  mis hijos por quererme.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Incendio en la Cigarrería de Goya

Por: Roberto Antonio Lizarazu



Siguen los incendios. Al año siguiente en 1948, se incendió la Cigarrería de Goya.

En la intersección de Alvear al 1100 con Santa Fé, actualmente El Maestro, en la esquina noroeste, existía una casa comercial de venta de cigarros y cigarrillos llamada por los vecinos "La Cigarrería de Goya". Esta cigarrería quedaba en la esquina sobre la calle Alvear, y era lindante con la casa de la familia Casciani. Tanto Pilo como Bocha Casciani eran amigos de visita diaria.


Una noche, a las 9 o 10 horas, por causas que se atribuyeron a un corto circuito producido por los ya comentados cables de electricidad que estaban a la vista y sin defensa alguna, estalló un incendio en la gigarrería. Yo ya tenía un año más que en el anterior incendio y mi comportamiento fue diferente por que ya tenía experiencia en esos menesteres. Con mi padre ayudamos a sacar muebles y enseres de la casa particular de la familia Goya por un portón que había al costado de la casa, sobre la calle Santa Fé; y que se depositaban en plena calle.


Además pude observar como sobre la calle Alvear, lindando con la casa de los Casciani, dos personas que utilizando hachas, levantaban las chapas del techo de los Casciani, que como eran vecinos tenían medianera en común y peligraba que el fuego se extendiera a esa casa. Tiraban las chapas a la vereda haciendo un ruido que yo consideraba tremendo y anadiendo dramatismo a toda la inusual escena. Gracias a Dios en este siniestro no hubo que lamentar pérdidas humanas.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Incendio en la Gomería de Acevedo

Por: Roberto Antonio Lizarazu

En el invierno del año 1947, en la intersección de Alvear al 1100 y Santa Fé, actualmente El Maestro, en la esquina noreste existía una gomería, con un taller de reparación de autos y en la línea del veredón y la calle un surtidor de nafta con su correspondiente depósito de combustible.

Un buen día, en las primeras horas de la mañana y debido al estallido de un compresor que servía para el llenado de los neumáticos, toda la esquina, incluída la casa particular de la familia Acevedo, que estaba anexa a la gomería, se convirtió en un terrible incendio.

Nosostros que vivíamos en la casa de al lado, sobre la calle Alvear, fuimos desalojados de apuro, y yo fuí a parar a medio vestir, por que estaba durmiendo y me levantaron a los gritos, a la casa de la familia de Don José Sánchez que estaba ubicada en la vereda de enfrente. Me ubicaron en un banquito de material que había detrás de un cerco de alambre en lo que era un patio al costado de la casa de los Sánchez.

Estaba cubierto con una frazada y durante largo tiempo me convertí en un espectador privilegiado del incendio. Algunos corrían de un lado para el otro con baldes de agua, otros miraban paralizados el dantesco espectáculo, otros daban órdenes e indicaciones que yo no entendía, hasta que pasado un par de horas y dominado el siniestro, me fueron a buscar y pude regresar a casa.

Hasta hoy, cuando huelo el aroma característico de diversos materiales quemados, me recuerda ese especial día. Uno de los hermanos menores de los Acevedo, por las quemaduras recibidas falleció al poco tiempo del siniestro. No fue el único incendio de proporciones que se produjo en esa época. En la esquina de enfrente a los dos años ocurrió otro, que ya comentaremos.

lunes, 25 de octubre de 2010

Los cortes de luz en Monte caseros


Por: Roberto Antonio Lizarazu


Los cortes de luz durante las décadas del 40 y del 50 del siglo pasado, constituían un tema recurrente de preocupación de los vecinos y ocurrían casi diariamente. En ocasiones los apagones duraban varios días enteros.


Como yo concurría a la escuela Nº 32 en el turno tarde, hubiera o no energía eléctrica, no afectaba para nada el dictado de las clases. En mi caso particular lo que más me molestaba era la imposibilidad de ir al Cine.


La usina era privada, de la familia Balbi y comenzó su precario suministro en 1929. Este inicio de la usina coincidió y formó parte de los festejos del primer centenario de la promulgación de la Ley 239, que disponía la fundación de un poblado en el Paso de Higos.


Recuerdo que como la gran mayoría de la edificación de las propiedades eran anteriores a 1929, las paredes y los techos lucían en mi época infantil, a la vista un entramado de cables que iban y venían por las distintas habitaciones de las casas. Todo estaba a la vista y constituía un peligro a plazo fijo. Ese peligro se puso en evidencia cuando algunas priopiedades se incendiaron.


Sobre este tema de los incendios y otros siniestros, comentaré la semana que viene.

lunes, 18 de octubre de 2010

La Heladería de Pililo

Por: Roberto Antonio Lizarazu


En las décadas del 40 y del 50, funcionaba en la calle Colón en la vereda par entre el 1000 y el 1100, la ""Heladería de Pililo". Lugar de reunión obligada de las noches de verano, donde después de la cena, las familias se reunían en las mesas colocadas en el veredón de la heladería a saborear los helados, que para mí, fueron los más sabrosos de mi vida.


Durante el día se especulaba, si habría luz o si no habría luz, para ver si a la noche se podía ir al Cine o a lo de Pililo. La noche perfecta resultaba cuando se podía hacer doblete. Cine y helado.


Como todo el servicio de la heladería era al aire libre, (incluso en noches de verano yo concurrí al Cine de Gorbeña a ver películas que se proyectaban con las sillas ubicadas al aire libre en la cancha de pelota que estaba a metros del Cine) su consumo no era nada fácil.


Un espectáculo aparte resultaba la competencia de defender el helado de los bichitos de luz y de otros insectos nocturnos voladores, como los taca taca, que realmente eran verdaderos kamikaze.


Los manotazos defensivos lanzados al aire eran parte del sabor especial de esos inolvidables helados casereños. Reitero los más sabrosos de mi vida.

jueves, 14 de octubre de 2010

La muerte de Juan Ramón Vidal y Monte Caseros


Por: Roberto Antonio Lizarazu


Juan Ramón Vidal, llamado el caraí-guazú del Taragüí, fallece el 4 de septiembre de 1940 en Buenos Aires. En ese momento era senador nacional por Corrientes. Sus restos son velados en el Senado de la Nación y luego trasladados en tren hasta Corrientes capital para su inhumación.


La primera parada que hace el tren cuando llega a nuestra provincia, es en Monte Caseros. El vagón que trasladaba el féretro es abierto para que sea observado por los vecinos que se habían reunído en la Estación y se realice el homenaje de sus partidarios: Los autonomistas.


La mayoría de los paisanos llegaron montados con sus mejores prendas, de rigurosa boina y poncho colorado, igualmente que las cocardas de sus caballos. Ese día la Estación de Monte Caseros fue totalmente colorada.


Eduardo Baeza, el dueño del primer cine de Monte Caseros y autonomista declarado y confeso, es uno de los oradores que homenajea y despide al caraí-guazú de nuestra provincia con un encendido discurso, que mereció vivas y sapukái generalizados en homenaje al fallecido.


Por supuesto que el suscripto no fue testigo de este hecho, por que tenía un solo año de edad, pero me acuerdo perfectamente que esta narración la escuché decenas de veces en mi infancia. Esto ocurrió en nuestro pueblo el 7 de septiembre de 1940.

lunes, 4 de octubre de 2010

El barrio de mi infancia en Monte Caseros


Por : Juan Abel Angelico
Le decíamos “el caballito” a la moneda de 10 pesos por que tenia en el reverso la figura de San Martín montado en su famoso caballo. Con esa moneda todos los días iba a comprar pan  “de pico “ en el almacén de “Sosita”  que estaba a dos cuadras de mi casa. Era  un local como los de esa época en  los que se conseguía de todo, desde kerosén para el calentador hasta funcionaba como una especie de bar donde algunos hombres tomaban algunas medidas de ginebra Bols y después continuaban su camino. En esa época todo se compraba  suelto desde galletitas las que venían en grandes latas cuadradas con una ventanita redonda de vidrio, pasando por azúcar fideo y arroz. Esto se envolvía en  trozos de papel los que hábilmente el almacenero los cerraba con unos clásicos pliegues. Los mandados se hacían con unas bolsas que venían para tal fin por que no se conocían las bolsas de plástico como las de ahora.
Cruzando la calle del almacén estaba  Don Meza el zapatero  donde llevaba  a reparar nuestros calzados, que quedaba enfrente de los de Sosita, el tenia el taller en una pequeña piecita de su propia casa. Todavía recuerdo los olores de cuero y tintura para los zapatos.
Otros personajes reconocidos del barrio eran: Don Raviol,  el taxista, Romero el Tornero y Don Mandarino el radioaficionado  (LU7LFA)  , con sus extraños equipos y grandes antenas de alambre, también los  hermanos Meza que eran chapistas y mecánicos, a dos cuadras vivía mi abuela y al lado la carpintería de mi tío Alfredo.
En el barrio tenia algunos amigos, de los cuales voy a recordar a los que considero los mejores  aunque hace años no los veo, ellos eran los “Mendoza” Juan y Lito con los que cambiábamos revistas y nos pasábamos horas charlando.
También estaban los “Repeto” unos chicos mayores que yo, quienes siempre me maravillaban con los aeromodelos de madera balsa que construían y hacían volar.
Las calles de mi barrio eran tranquilas y sin ningún peligro, donde se podía soñar con manejar un formula 1 o pilotear una avión simplemente andando en bicicleta, donde por esas calles mi hermano y yo pasábamos horas enteras jugando a la pelota o remontando barriletes.
La foto solo es ilustrativa.

UN ABRAZO A MI CIUDAD

A medida que pasan los años, nuestros recuerdos de la infancia se vuelven mas añorados, tal vez por que para muchos es la etapa mas hermosa de la vida. Nuestra amiga Cristina Isabel Gogorza nos regalo alguno de sus recuerdos, los que comparto con ustedes.

Hola  Juan estoy otra vez contando algo Al leer el blog de Crónicas Cacereñas,me llega un gran recuerdo cuando éramos chicos en las noches de verano salíamos a jugar a las escondidas ;los vaqueros ; mancha envenenada ; cuando el tanque de agua frente a mi casa todavía no era toda la manzana y las luces de la calle era como una lamparita de linterna éramos dueños de la calle y hasta el baldío que comento otro juego era el bando que se trataba de una pelota de trapo que nos tirabamos entre un bando y  otro se armaban lindos líos nadie quería perder ajajá. Entre los chicos estaban Mari Quiroz, mi hermana y yo, Susana Sella y sus hermanos, a veces Nilda Mesa, los hermanos Tello habían también de apellidos Fleitas; bueno hay algunos nombres mas que  en este momento no recuerdo de todos los Chicos del puerto éramos muchos .Luego contare otras anécdotas de nuestra época por que creo que a  los mas chicos les va a interesar nuestras vivencias cariños a todos mis viejos amigos con los compartí tantas cosa bellas 

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Autonomistas y Liberales en Monte Caseros


Por: Roberto Antonio Lizarazu


En la década del 30 del siglo pasado, la política provincial presentaba resumidamente , estas características. Había autonomistas, liberales, radicales y socialistas. Se encontraba polarizada casi exclusivamente por los autonomistas y por los liberales, a pesar de que ambos partidos pertenecían como aliados en el nivel nacional al Partido Conservador Nacional.


Los autonomistas representado en la fugura de Juan Ramón Vidal, quien fuera dos veces gobernador, senador nacional y diputado nacional, llevaba la supremacía en esa dicotomía política de varias décadas.


En Monte Caseros el caudillo local que representaba al autonomismo (colorados) y al llamado el caraí-guazú del Taragüí, Don Juan Ramón Vidal, era Don José Almirón y el que representaba a los liberales (celestes) era el Comisario Bravo.


Aclaro que el adversario político tanto del autonomismo como de los liberales a nivel nacional era el Yrigoyenismo (radicalismo personalista) y a nivel provincial la lucha era entre ambos partidos. No es fácil de entender, pero los correntinos siempre fuimos diferentes.


Esto viene a cuento para narrar las impresiones que me comentaba mi hermano Carlos Antonio que había dejado en su memoria, cuando pasaba por la calle Alvear frente a La Querencia, a caballo al trote corto Don José Almirón, acompañado por una permanente custodia de por lo menos diez jinetes. Por supuesto todos muy bien montados, rigurosamente armados y luciendo sus pañuelos colorados al cuello. Se creaba un momento de tensa y silenciosa expectativa.


Existía un par de detalles no menores que garantizaban que La Querencia fuese mirada por el bando autonomista con respeto y amistad. Al margen de las bolsas de afrecho que Vidal (el repartidor de La Querencia) llevaba con la jardinera para consumo de la caballada de Don Almirón, la señora que ayudaba a mi madre en los quehaceres domésticos era la prenda de uno de los aláteres de Don José.


Pero cada punto tiene su banca y viceversa.


En la vereda opuesta políticamente, estaban los liberales cuyo hombre fuerte en Monte Caseros era el Comisario Bravo. Este Comisario no era Comisario del pueblo, de la policía provincial, era Comisario del Ferrocarril, y representaba en su figura la justa contraparte de José Almirón.


Demás está aclarar que el Comisario Bravo hacía honor a su apellido, que parecía llevar con absoluta naturalidad y justicia. Algunos vecinos lo hacían oriundo de Mburucuyá.


Inexorablemente tenía que ocurrir lo que efectivamente ocurrió. Una noche de agosto de 1935, ambos jefes, acompañados de sus numerosos aláteres, se encontraron ¿casualmente? en el Punta de Fierro.


Se comenzó con los infaltables agravios en guaraní y después hablaron las armas. Todas las municiones fueron agotadas dentro del Punta, y luego la pelea finalizó en la calle a cuchillo pelado. El resultado fue, seis muertos esa misma noche y dos heridos que fallecieron al día siguiente. Los heridos que sobrevivieron nunca fueron contabilizados.


Honestamente yo jamás encontré ningún tipo de documentación escrita original que confirmara o corrigiera lo que comento. El periodismo escrito de ese momento en sus distintos niveles, pasó de largo. Quiero suponer que los intereses políticos de ambas partes, influyeron para que así ocurriese. Hubo un absoluto mutis por el foro.
Muerto más o muerto menos de parte de unos u otros, según el color de la divisa que lucía el que narraba, todos los vecinos del pueblo estaban de acuerdo en que Don Cuba, que era el enterrador de ese momento, nunca trabajó tanto en su vida.


Yo esto no lo viví, pero mi hermano Carlos Antonio que era mayor que yó si, y lo contaba siempre como uno de sus recuerdos infantiles más imperecederos.

martes, 14 de septiembre de 2010

NOTABLES PERSONAJES DEL MONTE CASEROS DE ANTAÑO

Por:Roberto Antonio Lizarazu


Pucho Palo, La Yacosa y  La Lorenza mal esquilada.

Tiempo  atrás de casualidad me topé con una nota de mi amigo Juan Abel Angélico, referida a otro personaje realmente notable. Canguro el violinista émulo de Dédalo e Ícaro, al cual por supuesto yo no conocí por tratarse de una época en la cual  ya no vivía en Monte Caseros.

En mi época, por los años de 1950, entre varios personajes con esas características, había tres de  ellos  de los que llevo el recuerdo   con el mayor de los respetos y simpatía, si bien es cierto que de gurises solíamos hacerles algunas perrerías propias de la irreverencia infantil.

Se llamaban: Pucho Palo, La Yacosa y  La Lorenza mal esquilada.

Pucho Palo, cuyo apellido era Quiroz, La Yacosa de apellido Yacosa, y La Lorenza mal esquilada, de apellido Britez. Todos  eran pertenecientes a  antiguas familias de nuestro pueblo y además eran asiduos concurrentes a nuestra casa.

Al frente de mi casa había un local donde mi padre y mi tío Juanito tenían instalada una oficina de representaciones de varias firmas comerciales, como Yerba Taragüí, Vino Arizu, Termas Villavicencio, y otras. Esto viene a cuento por que es la explicación del motivo de las seguidas visitas de los notables personajes mencionados.


La característica de La Lorenza mal esquilada, era que utilizaba permanentemente un birrete que ella misma hacía con el papel colorado del envase de la yerba Taragüí, que por supuesto llevaba de casa en sus periódicas visitas. Como dirían los modernistas era una ferviente “promotional woman” de Taragüí.

Me comentó Rosario Gogorza, (yo ya no vivía en Monte Caseros en ese momento) que para los festejos  del centenario del Hospital Samuel W. Robinson, La Yacosa fue invitada a participar de los mismos, en carácter de hija de una de las señoras de la Primera Comisión de Damas del mencionado Hospital.

Honestamente no sé por que motivo, tal vez por que mis padres conocieran a su familia, los Quiroz;  pero Pucho Palo recibía una atención privilegiada. El se llevaba siempre que venía, un paquete de medio kilo de yerba Taragüi. Para las fiestas y los días patrios se le agregaba una botella de vino tinto Arizu o una de Jerez Tío Paco, y circunstancialmente  envuelto en papel madera, un par de milanesas o el resto de tortilla de papa,  depende de lo que se comiera.

Pucho Palo cuando llamaba a la puerta de casa, lo hacía con una habilidad digna de un billarista, utilizando su palo que era como una extensión de su brazo, levantaba y dejaba caer el llamador de la puerta con una rapidez y precisión que cuando el llamaba, sonaba como si alguien lo hiciera con la mano.

Seguramente todos ellos se deben encontrar  en algún lugar privilegiado del cielo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Canguro


Por: Juan Abel Angélico

De mi infancia en Monte Caseros, recuerdo muchos personajes pintorescos de mi pueblo, algo desdibujados por el tiempo, por ejemplo “La Lorenza” esa anciana a la que recuerdo tomando ginebra en “Lo de Sosita” un almacén de mi barrio, también recuerdo a “La Amansia”,  a“Jesús” ese tierno personaje, a “Faifer” ese señor elegante de sombrero y con una flor en el ojal de su raído saco oscuro , el que siempre tenía un piropo respetuoso para las damas, y tantos otros que tengo su imagen y no recuerdo sus nombres.
Muchas veces pensé, porque están ellos, cual es su razón de existir, seguramente  Dios los puso allí para transmitirnos con cada uno de ellos, algún mensaje que no entendemos o no queremos entender en su totalidad.
Cuantas veces esta gente en todos los pueblos son objeto de burlas y bromas, porque no sabemos ver que en ellos hay un hermano, que con sus deficiencias físicas o mentales es un ser humano como nosotros, tampoco pensamos que ese ser, convertido tal vez en alcohólico tuvo una historia detrás de  el que lo llevo a vivir de esa manera.
De estos personajes elegí a “Canguro”, nunca supe cual era su verdadero nombre, ni tampoco porque lo llamaban así, solo tengo algunas imágenes de el desdibujadas por el tiempo, algunas las viví pero otras las escuche de los comentarios de mis mayores.
Cuentan que una vez se construyo unas alas con las que pensaba volar hacia la luna, en tiempos todavía que para el hombre llegar a la luna era solo un sueño imposible, dicen que su mamá la noche antes de la hazaña,  le preparo su valija con suficiente abrigo, también algo de comida para el largo viaje y  como todas las madres, cuando su hijo sale de casa,  le dio varias recomendaciones, las que seguramente eran: cuídate del frío, come, etc.
Al otro día el momento tan esperado llegó,  cuentan que el  fantaseo con que esa fecha  seria seguramente recordada como un 25 de Mayo o 9 de Julio, y el seria una especie de  prócer para nuestro pueblo, llevando más lejos  su fantasía,  el pensó que tal vez la avenida Alvear se  llame alguna vez Avenida Canguro..
Cerró los ojos y se transporto el día del regreso triunfal, vio a la gente del pueblo vivándolo agitando pañuelos, escucho la música de la banda del Regimiento de Infantería 4, mientras el desfilaba triunfal por la avenida Alvear ,  en un coche descapotable, llevando en su mano la llave del pueblo que le había entregado el intendente minutos antes y lo más importante, al lado de el su querida viejita.
Pero todavía faltaba lo primero, tenía que partir hacia la luna, entonces tomó  la escalera y subió rápidamente al techo de su humilde vivienda, para ir al encuentro de su destino que era llegar a  la luna,  llevando  con el,  sus alas y su pesado equipaje, mientras su madre preocupada y triste porque no vería por algunos días a su hijo,  lo despedía desde el patio,  llorando y agitando su pañuelo.

-Hasta la vista mama, no te preocupes, dijo él
Y valientemente mientras tomo una bocanada de aire agitó las alas para emprender el vuelo y salto al vacío….pero algo fallo y con tanta mala suerte que en vez de llegar a la luna llego rápidamente  a la tierra.
Tal vez el peso de su equipaje, o la falta de viento,  nos privó a los Casereños de tener el orgullo de que el primer  hombre en llegar a la luna sea de nuestro pueblo.
El era violinista, y lo hacía muy bien. Siempre se lo veía acompañado de su violín al que cuidaba como un niño, nunca supimos donde aprendió a interpretar tan bien ese instrumento.
Muchos años atrás cuando los corsos todavía eran del pueblo, en los días de carnaval, podían divertirse pobres y ricos, desatando autenticas guerras de agua o desfilando disfrazados,  los llamábamos “mascaritas” .El era uno de los más entusiastas participantes, tal es así que  todos los años se presentaba con un disfraz distinto, una de las  anécdotas que me contaron es que una vez se disfrazo de caramelo, este disfraz consistía en  envolverse en papel celofán. Yo lo recuerdo desfilando dentro de un gran avión armado con papel de diario, pintado y alambre todo eso montado  sobre una vieja bicicleta.
Canguro solía viajar en tren, muchos lo vieron en la ciudad de Concordia, Entre Ríos o en Corrientes capital, donde yo lo vi en algunos de los años de la década del 80.
De echo esa fue la última vez que lo vi, por la esquina de San Martín y Salta llevando, como siempre su violín pero esta vez  fabricado con una lata de aceite, a la que igual le sacaba hermosas melodías.





viernes, 10 de septiembre de 2010

1948-Entreveros entre policías y soldados en el corso de Monte Caseros


Por:Roberto Antonio Lizarazu
Este incidente ocurrió en los carnavales de 1948. En esos años el corso se realizaba en dos cuadras de largo sobre la calle Alvear, del 1000 al 1200. Casualmente nuestra casa quedaba en el centro del corso, en Alvear 1075.
La pica que existía entre los soldados destinados  en los distintos regimientos que había en nuestro pueblo y los policías de Monte Caseros, eran un clásico pueblerino en permanente in crescendo; y que hasta ese momento habían quedado limitados a las peleas dentro del ámbito del Punta de Fierro o de La Cuadrada, pero nunca habían tenido una importancia tan grave y un escenario tan visible para evidenciarse.
Una noche cuando finalizaba el corso, cosa que ocurría a las 24 horas puntualmente, se armó un entrevero generalizado entre soldados y policías. Los policías armados con sus sables cortos y semicurvos que se usaban en esa época y los soldados “desarmados”,  desarmados de armas blancas, pero armados con sus cintos de cuero, provistos de una hebilla metálica de gran tamaño, que eran utilizados como un arma efectiva y temible. Veinte años de edad, bien alimentados, con instrucción militar diaria, armados de sus cintos, presumiblemente entonados con alguna de las bebidas que se vendían en las calles transversales por medio de algunos paisanos que devenidos en bolicheros y utilizando sus jardineras traían  distintos canastos con empanadas y otros comestibles que se vendían  a la vista y damajuanas y porrones de diferentes bebidas que se comercializaban disimuladamente sin que nadie reparara en nada,  por detrás de la jardinera.
Además de todos estos detalles y sobre todo por su mayor número de contendientes, la suerte a favor de los soldados estaba echada antes de comenzar la gresca.
Nosotros, simple testigos de los hechos, nos retiramos de apuro cargando cada uno su silla hasta dentro de la casa, por que los vecinos, llamémosles frentistas, sacábamos las sillas y observábamos el corso sentados en el veredón.
Finalmente terminamos viendo la pelea detrás de las rejas de las ventanas de los dormitorios y se podía observar, por el desbande de los policías, una amplia ventaja de los soldados. Los heridos fueron numerosos y de ambas partes. Esto se podía deducir fácilmente a la mañana siguiente, por la cantidad de sangre que, a falta de papel picado y de pomos usados, adornaban profusamente las veredas de lajas coloradas de la calle Alvear.
Este incidente dio que hablar por meses a los vecinos y se agrandaba en el número de heridos y en la cantidad de acciones de coraje y de habilidad en el manejo de las diferentes armas a medida que pasaban los días.
Aclaro que en Alvear al 1100 funcionaba una gomería y surtidor de combustible de la familia Acevedo, que eran nuestros vecinos y que un par de años antes había sufrido un siniestro de proporciones. En un momento determinado una de las escaramuzas más risueña resultó ser la de un policía que peleando con su sable contra dos soldados, imprevistamente se vio atacado por el perro de los Acevedo que se había soltado. El policía no tiene la mejor idea, cosa que no había hecho contra los soldados, de sacar su revolver y atacar a balazos al animal. Menos mal que no atinó a nadie ni a los soldados ni al perro. Solamente dejó picadas las paredes del frente de la gomería. Los vecinos comentaban que probablemente este policía también había previamente visitado varias veces a las jardineras mencionadas mas arriba.

Que verdad resultan ser los versos que José Hernández cuando le hace decir a Fierro en su Capítulo XI, verso 1930 de “El Gaucho Martín Fierro”,  que:
“… y se enllenó de tal suerte
Que andábamos a  empujones;
Nunca faltan encontrones
Cuando un pobre se divierte”

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El monumento a Cristóbal Colón en la plaza homónima de Monte Caseros

Por:Roberto Antonio Lizarazu
En marzo de 1892, faltando seis meses para la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América, representantes de las colectividades españolas e italianas de Monte Caseros, agrupados en la Sociedad Española de Socorros Mutuos y la Sociedad Italiana, unen sus esfuerzos en un proyecto en común.
Este proyecto mancomunado es, nada más ni nada menos, que erigir un monumento a Cristóbal Colón en la plaza principal de Monte Caseros.
Se da en ese momento no solamente en nuestro país, donde hubo varios reconocimientos expresados en actos, bautismos de ciudades y calles, teatros, etc. etc. Centrados como síntesis en la figura y la obra del Gran Almirante, si no en toda Latinoamérica, un generalizado movimiento que tendía además de homenajear a la figura de Cristóbal Colón, a los dos países que se relacionaban con su persona y su sorprendente epopeya histórica. A Italia su país de nacimiento y a España la promotora de sus viajes.
Por otra parte para esa fecha, tanto Argentina como España ya habían concretado con varios convenios todo el proceso político, comercial e inmigratorio tendiente al definitivo cierre de las heridas producidas por la Guerra de la Independencia.
La expresión “Madre Patria” comienza a generalizarse de manera oficial, precisamente en 1892 en los festejos del IV Centenario del Descubrimiento de América y para 1910 ya su uso es habitual y masivo.
El 3 de agosto de 1892 se pone la piedra fundamental y el 12 de octubre del mismo año se inaugura simbólicamente el monumento, en razón que estaba construido solamente el basamento, obra de los constructores italianos y por supuesto vecinos de Monte Caseros, Juan Bautista Gilardoni, Cipriano Téppani y los hermanos Gabardi.
La estatua fue realizada en Buenos Aires en el estudio del escultor y arquitecto uruguayo José Raffo y recién colocada en su lugar al año siguiente, en 1893. El arquitecto José Raffo era un destacado profesional que realizó importantes obras escultóricas y arquitectónicas en ambas márgenes del Río de la Plata. Probablemente la más significativa de ellas sea el notable edificio -actualmente declarado edificio de interés histórico- donde en la actualidad tiene su sede el Museo Figari en la Ciudad Vieja de Montevideo, en Juan Carlos Gómez 1427 a cincuenta metros de la Plaza Matriz de esa ciudad.
Nuestra plaza se denominaba desde su fundación, 9 de Julio, y era la plaza principal de nuestro pueblo. Donde se ubicaba la Municipalidad, La Policía y varios de los edificios públicos y privados más representativos de Monte Caseros. Con los años pasó a llamarse Plaza de Colón y luego directamente Plaza Colón. Como rareza podemos señalar que por diversos motivos, varios de ellos mucho más mundanos que celestiales, la Iglesia no se encuentra en la plaza principal,

lunes, 30 de agosto de 2010

1900/1940 de restingas y jangadas en Monte Caseros

Por:Roberto Antonio Lizarazu 
En Monte Caseros, Corrientes, la restinga de Santa Rosa se denomina La Cachuera, y probablemente sea La Cachuera, juntamente con la notable circunstancia de que todas las calles de Monte Caseros sean amplias avenidas, las características más relevantes de nuestro pueblo.
Como dije La Cachuera es una restinga, o sea una formación rocosa que va de lado a lado del Río Uruguay y su nombre geográfico correcto es: Restinga de Santa Rosa, y lleva ese nombre porque enfrente a Monte Caseros, río de por medio, se halla ubicada la ciudad uruguaya de Santa Rosa, la que luego de finalizada la Guerra de la Triple Alianza, fue denominada Santa Rosa de la Bella Unión. A veces, y según las vicisitudes políticas de los uruguayos, se la denomina Santa Rosa y otras Bella Unión, pero pocas veces con su nombre completo.
La palabra brasileña cachuera proviene de la deformación del portugués cachoeira que quiere decir: Cascada o salto de agua. La palabra cachuera se utiliza además de Corrientes,  en Misiones y en el Estado de Río Grande del Sur (Brasil).
En realidad Monte Caseros tiene dos restingas, la de Santa Rosa ubicada a la altura del kilómetro 492 (kilometraje del Río Uruguay) y la Restinga de San Pedro a la altura del kilómetro 520.
Al finalizar cada verano, La Cachuera nos regalaba un espectáculo inolvidable, el arribo de las jangadas que provenían del norte de nuestra provincia, de Misiones y del Sur de Brasil, utilizando el Río Uruguay como vía marítima para el transporte de los rollizos.  Los de cedro macho (cancharana) constituían el centro de la jangada por su gran flotabilidad.
La Cachuera se convertía en un atracadero natural de las jangadas y de un día para el otro agrandaba su extensión en varias hectáreas.
Era un espectáculo observar desde la lomada del río, las diversas jangadas con una casilla a dos aguas levantada en el centro de la misma de rollizos de cancharana, formando un sector cuyos troncos estaban unidos por cadenas-
Dos o tres prácticos en esos menesteres, los jangaderos, manejaban cientos de toneladas, ayudados por un pequeño bote que llevaban encima del sector central que estaba encadenado. Todo el resto de rollizos de timbó, lapacho, virapitá peteribí y otros, se movían independientemente y por la inercia de la simple correntada del río.
La casilla que llevaba la jangada servía de dormitorio y de cocina, además de depósito de las vituallas para cocinar. Hay que tener en cuenta que una jangada que partiera desde Ítaca ruaré o desde Panambí, que eran los lugares donde se centralizaban los troncos que provenían de Apóstoles, de Concepción de la Sierra o de Oberá, con todas las paradas que realizaba para dejar sus encargos en cada sitio determinado, para llegar a Federación demoraba por lo menos tres semanas de viaje.  Similar sistema de trabajo se realizaba desde la costa brasileña, donde se formaban otras jangadas con igual destino.
Los prácticos jangaderos viajaban pertrechados de armas largas en razón de la existencia de los llamados “pescadores de troncos” que casi siempre en horas de la noche intentaban pescar algún tronco que les salvara el mes.
En Monte Caseros quedaban unos pocos rollizos y algunas vigas de maderas muy específicas que en nuestro Departamento no había, para bastecer a los aserraderos locales, y el grueso de la jangada llevaba como destino final la ciudad de Federación (La Vieja), que en esa época se había convertido en un centro importante de aserraderos.  El motivo era que como por Salto Grande era casi imposible pasar, los rollizos se aserraban en federación y la madera se transportaba desde allí, ya aserrada hacia el sur, hacia Buenos Aires por ferrocarril.
Supongo que debo ser de las últimas personas que fueron testigos presenciales de este singular medio de transporte, por que unos años más tarde la carreteras asfaltadas y el camión y sobre todo la apertura del complejo ferrovial Zárate-Brazo Largo, se impusieron por su practicidad y su economía al ya lejano sistema de transporte de rollizos por medio de jangadas en nuestro querido Río Uruguay.