viernes, 13 de abril de 2012


DRAMA PASIONAL Y EL NACIMIENTO DE MI SOBRINA LEONOR

Por: Roberto Antonio Lizarazu

Como conocía a las familias involucradas en este incidente, cuando joven me había prometido que no escribiría nada del asunto hasta pasados cincuenta años. Pero ahora ya pasaron los sesenta años y deseo narrarlo porque no deben ser muchas las personas que sean testigos de  esta circunstancia.

A mediados del año 1952, una pareja de novios y sus trágicas desventuras amorosas sirven de detonante para dividir a nuestro pueblo, Monte Caseros, en lo más profundo de  sus viejos rencores sociales, políticos y familiares. Algo así como Montescos y Capuletos del tercer mundo.

Una pareja de novios, en un paseo por la costa del río, finaliza con la joven muerta, ahogada en el río; y el novio a salvo.

El  novio era Miguel Angel Gogorza (Pototo Gogorza) hijo de Miguel Gogorza, de familia antiperonista declarada, vivían en la calle de la tienda La Luz que iba al regimiento, y tenían una estación de servicio y almacén. 
La novia, cuyo apellido era Aubel,  era de familia de ferroviarios, peronistas y medio escalón menos en la escala social que el novio.

Ese medio escalón no era poca cosa. Por ejemplo la familia del novio concurría al Club Progreso y la familia de la novia al Club Artesanos, y así con otros detalles de la vida social pueblerina, siendo estos ínfimos detalles los que  resultaban determinantes para la división que se produjo.

La sociedad montecasereña se dividió totalmente en: los Pro novio y los Pro novia.

Los Pro novia reitero, ferroviarios y peronistas comenzaron a realizar asambleas y manifestaciones callejeras, que serían lo que hoy en la modernidad denominamos “escraches”, reclamando justicia y el esclarecimiento del hecho, por supuesto culpándolo al novio de lo sucedido.

Los Pro novia,  realizaban marchas nocturnas provistos de antorchas en dirección a la Plaza Colón, que estaba la Municipalidad y pasaban frente a nuestra casa en la calle Alvear. El espectáculo era realmente impresionante. En un pueblo donde los cortes de luz duraban varios días y donde en invierno  la noche llegaba apenas pasadas las seis de la tarde, en la más absoluta oscuridad, ver pasar una manifestación de personas entorchadas no era para espíritus medrosos.

Estos sucesos convulsivos, inesperadamente afectaron a integrantes de mí familia que trataré de narrar. Como la novia, la fallecida era hija de ferroviarios, la autopsia del cuerpo se realizó en el Hospital Ferroviario de Monte Caseros, cuyo director y responsable de la autopsia fue el médico Juan Francisco Areta (Chelín), casado con una prima hermana de mi padre, de nombre Sara Sagarzazu. A su vez un hermano de Juan Francisco Areta,  que también era médico, “Chopo” Areta trabajaba en el mismo Hospital Ferroviario.

En medio del proceso de manifestaciones y escraches, en un momento determinado de estas acciones, y cuando ya se había realizado la autopsia, la  que  desligaba al novio Gogorza de responsabilidades  en la muerte de la novia,  Areta (el hermano de mi pariente)  cuando se retiraba en auto del Hospital, uno de los manifestantes le gritó ASESINO.  Como era de rigor en esos tiempos arcaicos, Chopo Areta se bajo del auto y se agarró a trompadas con el insultante.

Pero casualmente en momentos  de todo ese proceso convulsivo, a principios de diciembre de l952, mi hermana Lupe no tiene la mejor idea que tener su primera hija, llamada Leonor. Por supuesto el parto se realiza en el sanatorio de nuestro pariente Juan Francisco Areta, en la calle Colón 1386, que estaba anexo a la casa familiar. La casa familiar, el consultorio, la sala de operaciones y parto, todo formaba una unidad y todo era una verdadera romería, la gente entraba y salía de la sala de partos como de su casa y me acuerdo perfectamente que un enfermero de Areta andaba con un revolver en la cintura, que por mi experiencia actual calculo sería un 38 largo. Afuera se esperaba en cualquier momento una manifestación con antorchas de los  Pro novia, y adentro en medio de un desorden total, nacía mi primera sobrina, Leonor Acuña, la noche  del  9 de diciembre de 1952.

Muchos años después, cuarenta años después,  un ferroviario Héctor Fucinato, me comentó sus propios recuerdos de esos incidentes y según él, la persona que se bajó del auto y se agarró a trompadas no era como yo suponía el hermano menor de mi pariente Areta, sino que era él mismo Juan Francisco Areta.  Además agregó una anécdota que se me ocurre, debe ser solamente un chiste de pueblo chico para divertirse barato.

Me contó que al poco tiempo, el insultante, que era ferroviario se enfermó de hemorroides y fue a verlo a Areta a su consultorio como paciente.

Según Fucinato,  Areta después de observarlo detenidamente, se dirigió a una enfermera y le dijo: señorita alcánceme un par de guantes bien gruesos.
 




jueves, 12 de abril de 2012


CORRIENTES Y MONTE CASEROS, JUSTO Y BERGAMINI

Por: Roberto Antonio Lizarazu
Debido al excelente comentario que publicara mi amigo Juan Abel Angélico, en este sitio en fecha lunes 9 de abril ppdo. en relación al accidente aéreo en el cual perdieran la vida, entre otros,  el Teniente Coronel José F. Bergamini y el señor Eduardo F. Justo, hijo del en ese momento,  Presidente de la Nación Agustín Pedro Justo; comencé a cavilar que razón tenía el doctor Félix Luna al denominar a su notable publicación “Todo es Historia”, porque en realidad todas las acciones humanas se encuentra relacionadas entre sí, los que con el transcurso del tiempo conforman  diversos hechos históricos.                 

Veamos un poco de historia. El apellido Justo (1) era oriundo de nuestra provincia, más precisamente de Goya.  la familia Justo ya eran vecinos de Goya en las primeras decenas del siglo XVIII. Y Agustín Pedro Justo, nacido en 1841 en Goya y fallecido en San Nicolás de los Arroyos el 26 de noviembre de 1896. Fue gobernador de nuestra provincia desde el 25 de diciembre de 1871 hasta el 12 de enero de 1872. Apenas dieciséis días. Su vicegobernador fue el coronel Manuel de Jesús Calvo.

Agustín Pedro Justo, era hijo de un inmigrante italiano, Giambattista Giusto Damonte y su madre inmigrante española, de Algeciras, sobre el Estrecho de Gibraltar, doña Salvadora Morales y Becerra.

Agustín Pedro Justo, era doctor egresado de la Universidad de Buenos Aires en jurisprudencia, abogado y periodista, y luego de una extensa carrera como legislador provincial y como cónsul argentino en Montevideo, es electo por la legislatura como el 26º gobernador de nuestra provincia. Es el 5º representante del Partido Liberal en ese cargo de un total de 17 que hubo. Fue precedido en ese cargo por Santiago Baibiene y sucedido por Desiderio Sosa. Tanto Agustín Pedro Justo como su tercer hijo, el homónimo, que llegara a ser presidente de la nación argentina, fueron adherentes a la ideología del Partido Liberal, y mitristas declarados y confesos.

Siempre fueron lo que dijeron que fueron y actuaron acorde a sus palabras.  Puedo no estar de acuerdo con su ideología, pero jamás mintieron sobre ello ni pretendieron engañar a nadie.

Como caso anecdótico se puede mencionar que Agustín Pedro (padre) fue alumno en Goya de los infortunados Camila O’Gorman y del tucumano Uladislao Gutiérrez, ya que concurrió a la novel escuela de primeras letras que ambos habían abierto.

En este punto que comentaremos ahora, se presenta una controversia entre dos autores consagrados que yo por supuesto, dada la importancia de ambos no voy a opinar. Informo solamente de las dos opiniones.
La primera, que Agustín Pedro Justo actuando como periodista, funda en Goya el diario “La Patria”, que es el primero editado en Goya y luego el diario “La Esperanza”. Esta es opinión del doctor Hernán Gómez en la obra “Los últimos sesenta años de democracia y gobierno en la Provincia de Corrientes”. (1870-1930). Corrientes, Sembrando producciones, 1993. Reedición.

Y la segunda, el doctor Federico Palma, en su obra, “Resumen de noticias históricas sobre ciudades y pueblos Correntinos. Goya.”  En su sexto parágrafo se menciona lo siguiente: Por ley del 8 de octubre de 1852 la villa fue declarada ciudad, cuyo gobierno ejerció un prefecto. Dos años después apareció “Crónica Cuyana”, su primer periódico, que fue manuscrito, pues la imprenta se introdujo en 1863, año en que el entonces joven Santiago Baibiene publicó “La Esperanza”.
Ambos autores concuerdan en cual es la segunda publicación de Goya pero no respecto a la primera.
Varios autores adhieren a la primera y otros a la segunda de las menciones.

Debido a los pocos días de ejercicio, en relación a la obra de gobierno de Justo en Corrientes, prácticamente se puede comentar muy poco. Que colaboró en la redacción de la ley de tierras de Corrientes, así como del Código del Superior Tribunal de Justicia de la provincia y que había organizado su gobierno acompañado por el coronel Manuel de Jesús Calvo como vicegobernador y con Juan Lagraña y Valentín Virasoro como ministros.

No obstante en Ñaembé, exactamente un año antes de su designación como gobernador, participó activamente como correspondía en esa batalla. Ante la invasión a la provincia de las tropas entrerrianas al mando de Ricardo Ramón López Jordan, actuó en la batalla que llenó de gloria al ejército correntino como secretario y corresponsal del Coronel Santiago Baibiene, en ese momento gobernador y jefe de nuestras tropas.

Conviene recordar que tanto el Coronel Baibiene como Justo eran goyanos y si la suerte de las armas hubiese sido otra, la primera ciudad que hubiese sido saqueada por los invasores hubiese sido precisamente Goya, que se encontraba cercana al sitio del enfrentamiento. No eran momentos para las dudas ni las especulaciones políticas.

Resumiendo: Las personas que mencionamos aquí, guardan el siguiente orden familiar:  Giambattista Giusto Damonte (italiano), padre de Juan Pedro Justo (Gobernador Correntino), padre de Agustín P. Justo (entrerriano) Presidente de la Nación, padre de Eduardo F. Justo  fallecido cerca de Monte Caseros.

(1) Justo es la castellanización de Giusto.

En relación al Teniente Coronel Bergamini, coincido con Angélico que no existen constancias de su nacimiento en Monte Caseros. Por lo menos yo nunca las encontré. En el libro de Sagarzazu, tampoco se lo menciona como nacido en nuestro pueblo.

Fuentes: Gómez, Hernán Félix. Los últimos sesenta años de democracia y gobierno en la provincia de Corrientes. (1870-1930). Corrientes, Sembrando Producciones, 1993. Reedición.
Leoni de Rosciani, María Silvia. Hernán Féliz Gómez y el caudillismo en Corrientes. En: XIV Encuentro de Geohistoria Regional. Resistencia, HGHI-CONICET, 1995.



miércoles, 11 de abril de 2012


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Es el quinto grado de la Escuela 32 en 1950. El mismo día de la foto anterior. La maestra es la señorita Goytia (lleva luto).
Varones: El segundo es el “conejo” Arrieta, el tercero es Ramón (Moncho) Brítez, el quinto soy yo.
Señoritas: Que me disculpen no recuerdo sus nombres

Por: Roberto Antonio Lizarazu
 Este es el Cuerpo Docente de la Escuela 32 en 1950. Las personas que me acuerdo de sus nombres son,     Parados: El primero es el Director Goytia, la tercer maestra de pié es mi madre, Leonor Velasco de Lizarazu, a su lado la señorita Carbonolli.          

Sentados: El maestro Barrios, de traje, padre de mi amigo Rorro Barrios, a su lado una de las hijas del Director Goytia, que lleva luto, su madre la señora del Director Goytia había fallecido hacìa pocos meses. La última de las maestras sentadas es mi hermana  Lucía Guadalupe Lizarazu.

Nota: Me informa Rosarito Gogorza, desde Cipolletti, Rió Negro, que entre las maestras sentadas, la tercera, al lado del maestro Barrios, es la señora Pitota Olaciregui, casada con Arrieti y hermana de la Negra y de Carlitos Olaciregui. Muchas gracias Rosarito.

lunes, 9 de abril de 2012

El porqué del nombre de la calle Bergamini

 Por Juan Abel Angélico

El 9 de Enero de 1934, el Presidente de la nación Argentina General Agustín P Justo se reunía en la ciudad de Paso de los Libres con su par de Brasil  Don Getulio Vargas.  Luego de inaugurar un monolito en ambas orillas del Rio Uruguay, que recordaría la decisión tomada en ese día, de construir el puente que uniría Paso de los Libres y Uruguayana, a las 17,15 horas despega la comitiva presidencial del aeropuerto de la ciudad de Paso de los Libres (Corrientes), uno de los integrantes de la misma era el Sr Eduardo Justo, hijo del presidente.
El dispositivo aéreo estaba compuesto por un Lockheed B12 de la Fuerza Aérea del Ejército escoltado por  tres Curtiss Hawk III y un Lockheed MMI de la Aviación Naval también escoltado por otros tres Curtiss Hawk III .
El Lockheed B12 era tripulado entre otros por el Presidente Justo quien junto a los aviones de escolta llegaron, luego de dos horas y media de vuelo  y superar un tremendo temporal a la base aérea “El Palomar”.
El Lockheed MMI nunca llego a destino, fue encontrado al día siguiente, totalmente destruido y sin sobrevivientes,  en la confluencia de loa arroyos Itacumbú y zanja (o zona)  honda en las inmediaciones de la localidad de Tomas Gomensoro , cerca de  Bella Unión en la república oriental del Uruguay.
Perdieron la vida en ese accidente:
Teniente Coronel José F Bergamini, Jefe del Regimiento Aéreo Nro 1 (Piloto)
Mayor Víctor V. Vergani, Jefe de Grupo 1 de Observación (Copiloto)
Sargento Primero Victorio Ángel Leveratto (Mecánico)
Sargento Primero Rosa León Castillo (Radio telegrafista)
Coronel Abraham Schweizer, Jefe de la Casa Militar
Teniente Coronel Firmo Horacio Posadas, Edecán Militar
Teniente Coronel Antonio Berardo, Jefe del Regimiento 1 de Artillería
Teniente de Navío Juan Oreschink, Ayudante del Ministro de Marina
Señor Eduardo F. Justo, aviador civil e hijo menor del Presidente de la Nación 

Los restos de las víctimas fueron trasladados hacia Monte Caseros, donde se les rindió un homenaje en la municipalidad local y luego fueron trasladados a la ciudad de Buenos Aires por vía aérea, escoltados por aviones del Uruguay y Argentina.
Los militares uruguayos dieron muestra de una inmensa solidaridad,  no solo en la búsqueda del avión siniestrado, también en el traslado de los restos de los fallecidos. El Ataúd de Bergamini fue  cubierto por el pabellón de ceremonias de la Escuela de Aviación Militar uruguaya, la que semanas más tarde fue devuelta en propias manos mediante una ceremonia imponente en  Montevideo.
El Teniente Coronel Bergamini, se destacó en el ambiente aeronáutico por algunas hazañas tal como  en 1926 recorrer 4300 kilómetros en treinta y dos horas, cubriendo catorce provincias , llegando a Asunción del Paraguay como destino.
El pueblo de  Monte Caseros, quedo muy conmovido por esa tragedia ocurrida a pocos kilómetros, como homenaje a este militar, se le impuso su nombre a una de las  calles del pueblo.
A unos kilómetros del lugar del accidente el gobierno uruguayo donó al argentino una hectárea de tierra para levantar un monolito conmemorativo.


N de A: Algunos casereños afirman que le Teniente Coronel  Bergamini era nacido en monte Caseros, no encontre constancia de ello.


Bibliografía : http://fdra.blogspot.com.ar/2011/03/historia-argentina-la-tragedia-del-b12.html
Ricardo E. Sagarzazu


COMIENZO DE LA INMIGRACION EN MONTE CASEROS


Por: Roberto Antonio Lizarazu

En razón de la importancia que tiene para el conocimiento de la conformación de la sociedad montecasereña,  reproduciremos el texto del discurso pronunciado por Ricardo E. Sagarzazu el 10 de octubre de 1957 ante el Rotary Club de Monte Caseros conmemorando el 464 aniversario del Día de la Raza. (1)

Una de las contribuciones más destacadas de esta alocución es que Sagarzazu enumera decenas de apellidos de inmigrantes que conformaron las familias que residieron en Monte Caseros en las décadas siguientes y muchas de ellas hasta la actualidad.

Especialmente nombra las personas de  las colectividades italianas, españolas y vascas, que son las más numerosas y que originariamente dieron mayor impulso al incipiente poblado.

En 1870 que es cuando Sagarzazu comienza a detallar su exposición, Monte Caseros es nada más que eso, un incipiente poblado, de menos de tres lustros de antigüedad  desde la refundación decretada por Pujol; y con una población urbana en ese momento menor a las  dos mil almas.

“Comparte esta noche la mesa rotaria tres invitados cuya presencia nos honra: el Intendente Municipal Don Marcial Ezcurra, el Agente Consular Honorario de España, Don José Sánchez y Don Juan Roteta.  En nombre de Rotary, les doy cordial bienvenida, deseándoles un grato momento como grata nos es su visita cuando vamos a recordar la gesta del Descubrimiento.

Rememoramos hoy en Rotary la más grande hazaña de la hispanidad cuyo aniversario van a celebrar el Viejo y Nuevo Continente, dentro de dos días.

A 464 años de aquel alumbramiento, lejos de agotar el tema, hay sobre él cada vez más que decir. Colón, Fernando, Isabel, pero aún más arriba España. España que hizo posible todo eso. España múltiple hendiendo sus raíces en Grecia y en Cartago, en Fenicia y en Roma; España celtíbera, eúskara, gótica, árabe. Ella estuvo en todas partes: en África, en las dos Sicilias, en el Caribe; en Filipinas y Florida; en California, las Carolinas, Tahuantisuyu, las Marianas y en el Plata.

Y acaso unos de los hechos que menos nos conmueven sea el que más de cerca nos concierne: España estuvo y está también aquí, en este suelo que hoy ocupan nuestra ciudad, su ejido y sus campos. Algo de eso quiero decir como homenaje a la Raza.

El primero comprende los siglos XVII y XVIII y se caracteriza por la presencia del conquistador y del jesuita. Pero el conquistador , ya en esa época casi nunca es peninsular, sino criollo, y el jesuita, mensajero de alguna tradición hispánica, es con frecuencia italiano o alemán y trabaja elemento humano guaranítico. La falta de españoles nativos en esta región, determinó más diferenciada de la peninsular que, por ejemplo,la que se desarrolló en Méjico, Lima, Chuquisaca, Córdoba o Salta. Sin embargo, la perspectiva cultural de España estuvo presente. Lo estuvo en los primeros navegantes del río que empezaron a recorrerlo, en estas latitudes, hacia 1618. También en la influencia de la Compañía de Jesús, en paulatino pero constante aumento entre los años 1624 y 1767, cuando fue expulsada por orden de Carlos III. La expedición del Maestre de Campo Don Francisco Piedrabuena contra los indios yaros y charrúas que aún vivían en esta zona, llevada a cabo en noviembre de 1715, tiene todas las características de las antiguas expediciones españolas; la prolija crónica que de ella hace el P. Policarpo Duffó nos permite conocer, además, interesantes aspectos de estos lugares hace casi dos siglos y medio. La apertura en 1740 del camino de Yapeyú a Paraná fue también obra de inspiración hispánica; viniendo del norte el camino entraba al territorio que hoy ocupa el Departamento de Monte Caseros por el Paso de las Piedras, en dirección sudoeste para continuar al sur exactamente por donde ahora corre la Ruta 14 que hasta hace pocos años era denominada “camino real” (camino del rey) por la gente de campo. Hacia 1750, ya desalojados los charrúas, el jesuita comenzó a fundar estancias, aquí; hizo el doblamiento con elementos guaraníes traídos de Yapeyú; junto con el guaraní comenzó a hablarse el español y a predicarse la fe católica, fundamentales elementos de la cultura peninsular. En junio de 1768 los pobladores del lugar, ya en proceso de mestización, vieron posprimera vez a una alta jerarquía española: era el gobernador de Buenos Aires, Don Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa quew venía a consumar la expulsión de los jesuitas; la expedición de Bucarelli contaba con unos 1500 hombres que se trasladaron en 184 carretas; el cortejo era imponente y los vecinos del Timboy se reunieron en su rivera para tributar homenaje a quien los visitaba en representación del Rey. 21 años más tarde, exactamente el 15 de octubre de 1789 visitaba estos lugares un geógrafo vasco, Don Andrés de Oyarbide,  Piloto de la Real Armada de España que regresaba de las misiones. Oyarbide se detuvo en las cachueras, hizo noche en las barrancas de la costa y al día siguiente, reabastecido con comestibles procedentes de la Estancia del Mocoretá, donde estuvo cuatro días: este Piloto hizo las primeras marcaciones geográficas en lo que hoy es nuestro departamento.

Con posterioridad a estos años, las invasiones portuguesas, la anarquía de los indios misioneros, privados de los centros civilizadores jesuíticos, las guerras de independencia y las contiendas civiles fueron factores que impidieron el contacto con España. Por momentos lo indígena parecía prevalecer, pero el español había dejado una lengua y una fe y ellas subsistieron a pesar de las deformaciones que ambas debieron necesariamente sufrir.
Con la Organización Nacional en 1853 y la fundación de Monte Caseros, dos años después, comienza el segundo período de influencia española. España se hacía otra vez presente, ahora con el inmigrante. La Madre Patria había cambiado: superada la época del absolutismo, orientada por Borbones en lugar de Austrias, esta vez no envió guerreros ni conquistadores sino hombres de trabajo; vascos de los caseríos, gente de los puertos andaluces y levantinos, castellanos empobrecidos y catalanes ansiosos de tentar suerte en el comercio. Todos venían pobres. España era pobre. Y sin embargo este fue el aporte más grande que la Madre Patria enviara a estas tierras.

Uno de los primeros españoles que se radicó en el pueblo fue su primer párroco, un vasco, el Padre Jerónimo Ibargallartu, que llegó en abril de 1859. Casi enseguida afincó Don Miguel Fernández Rodríguez, que llegó a ser fuerte comerciante pocos años más tarde; era hombre de méritos y poseía una clara inteligencia; sus hijos Leopoldo y Miguel tuvieron destacada actuación en Montevideo y Buenos Aires. Vivió también antes de 1870 Don Luís Miguel Caballero, gibralteño, hacendado de mucha figuración en su época.

En la década del 70 comenzó la radicación de vascos, elemento que en Monte Caseros, junto con el italiano, tuvo decisiva influencia en la evolución de este pueblo. Entre los que primero llegaron se cuenta mi abuelo, Manuel Sagaseta; vino al país en barco a vela ocho años después de la caída de Rosas; estuvo corto tiempo en Salto y allí formó un equipo de alambradores que tendió los primeros alambrados en el noroeste uruguayo; así llegó hasta Santa Rosa, cruzando a Monte Caseros para alambrar los campos del fundador del pueblo, Doctor Juan Pujol; no se fue más. En 1875 era gerente de la casa Solari e hijos; luego tuvo panadería y más tarde hotel.

Entre los vascos de la década del 70 recuerdo a José Fermín Aguirre Atormin, Pedro Iparraguirre, José Chopitea, Pedro y Santiago Ordenabía, que tuvieron fábrica de ladrillos, Miguel Gogorza, uno de los primeros agricultores, Carmelo Iraburu, Manuel Arancegui, Martín Saralegui, Pedro Mutuberría, Bernardo Goyeneche, Juan Larrea.

En la década del 80 se radicaron, entre otros, Tomás Muniozguren, Martín Argoitia, agricultores, José Martirena; Pedro Oxarán, que tuvo una carpintería, los hermanos Erro, hacendados. Y años más tarde aparecen Agustín Ameztoy y Joaquín Arteaga, agricultores. Homobono Astarloa, viticultor, Eladio Zugarrondo, comerciante; Adrián Berasategui, panadero; los hermanos Berecoechea, hacendados de estación Naranjito; Joaquín Ezcurdia, hacendado al igual que Luís Garmendia; Esteban Martirena; Pedro Oria que estableció una línea de diligencias a Curuzú Cuatiá y que más tarde fue propietario de un hotel; Juan María Oria, que llegó a ser uno de los comerciantes más fuertes del sur de la provincia, formando una familia que por muchos años estimuló en toda forma el progreso local; Rufino Roteta, uno de los fundadores de la Panadería Española, institución que por más de medio siglo centralizó la mayor parte de la actividad comercial de la plaza; Ramón y Manuel Ubiría; Pedro Ugartemendía, los Ibarguren, Martín Marticorena, hotelero; Joaquín Alzugaray, comerciante; Juan Echeverri y José Miguel Irastorza, estancieros; Lucas Arteaga; los Inchauspe y Martín Ormazábal.

A fines de siglo la numerosa colectividad vasca recibió en su seno, por algún tiempo, a Don Carmelo Uriarte que estuvo aquí de paso para buscar a su amigo y paisano el ingeniero Enrique de Ibarreña, perdido en la selva tropical.

Entre los españoles de otras regiones ibéricas tengo referencias de Don Benito Fuentes, primer escribano público que hubo en el pueblo; de Manuel, Ceferino y Luís Pérez, comerciantes; Nicasio Méndez, Eugenio Labín, comerciante; Domingo Alonso, que tuvo manufactura de tabacos; Ángel Vidal; Eduardo Baeza, que instaló el primer cine; Antonio Meléndez, comerciante; Pedro Vives Mañé, comerciante; José Paz Orense; José Pallares, viticultor; el Padre Juan Vázquez y Amado, cura párroco.

En 1891 se fundó la Sociedad Española de Socorros Mútuos, prestigiosa institución que en pocos años alcanzó notable desarrollo. El 8 de mayo de 1892 la Sociedad celebra el primer aniversario de la institución con un banquete en el local de la Sociedad Italiana. A los brindis, Don Fortunato Marcerazo, secretario de la Sociedad Italiana, propuso que ambas instituciones invitaran a la población a levantar un monumento a Cristóbal Colón; faltaban cinco meses para la fecha del IV Centenario del Descubrimiento. Españoles e italianos aprobaron entusiastamente la idea y enseguida comenzaron a trabajar por la realización del proyecto; se movilizó toda la población; para el mes de julio estaba en pleno funcionamiento la Comisión Central presidida por el Doctor Leopoldo Fernández Rodríguez y sus seis subcomités, organizados por nacionalidades: el argentino que presidía Don Ismael Ramírez; el español, presidido por Don Ramón Morán; el italiano por Don Pedro Michetti; el belga-franco-suizo, por Don Alfredo Mestais; el anglo-sueco-alemán, por Don Daniel Ross y el uruguayo por Don Francisco Caballero. El 3 de agosto de 1892 se puso la piedra fundamental y el 12 de octubre se inauguró simbólicamente el monumento; se había concluido el basamento pero la estatua no llegó para aquella fecha, por lo que fue substituida por un busto de yeso; el basamento es obra de constructores italianos: Juan Bautista Gilardoni, Cipriano Téppani y los hermanos Gabardi; la estatua fue hecha por el escultor José Raffo, en Buenos Aires.

El 9 de abril de 1899 la Asociación Española inauguró la Plaza Española. Se hicieron festejos y actos de distinta índole, entre otros un banquete en el Hotel de Oria. A partir de entonces, las romerías españolas de Monte Caseros tuvieron resonancia en la región; se hacían manifestaciones callejeras, bailes populares, comidas en la Plaza Española y la cena en lo de Oria. La influencia de la colectividad hispana estaba en su apogeo, en nuestro medio, en los últimos años del siglo pasado y primeros del actual.

El 9 de julio de 1900 se inauguró la calle España. Nuevo motivo de fiesta. Y fiesta a la española: intensa y extensa; hubo nuevamente bailes, romerías y alardes. Y como siempre, junto a ellos, los italianos prestando su concurso y aportando su latino entusiasmo.

Sería interminable la nómina de los españoles que, a fin de siglo, constituyeron factores primordiales en la vida local. A todos los ya nombrados hay que agregar por lo menos, a Don Servando Ortega, periodista de larga actuación entre nosotros; al Dr. Núñez, al Padre Paz Fernández, a los hermanos Comas, comerciantes y agricultores, a Juan Ormazábal, Domingo Amorós, Carlos Rovira, José Antonio Jáuregui, Dr. Manuel Yacosa, fundador del Club Social y Gerente del Banco de la Provincia. A Tomás Cabot, José Urrutia, Esteban Camino, los hermanos Mendiburu, Niceto de San Miguel de Oñate, Felipe Fagoaga y, muy especialmente, a aquel exquisito, educador que fue Don Isidro Jubany; era maestro nato y por 25 años dedicó sua afanes a la enseñanza; lo hizo con vocación de apóstol y notable perfección; su vida misma fue enseñanza, lección y ejemplo. Monte Caseros debe todavía su homenaje a este distinguido maestro español.

Entrado el siglo XX los hombres de España continuaron siendo factor ponderable en el medio local. Mucho les debe el comercio, la industria, la sociabilidad, el agro. No voy a nombrarlos. Son contemporáneos nuestros.

Ya sin Virreyes, ni oidores, ni capitanes generales, la evocación de estos hombres de trabajo que protagonizaron una segunda conquista, mayor que la primera, es el homenaje que hoy rendimos a España en la mesa Rotaria.”


(1) Ricardo E. Sagarzazu. La Fundación de Monte Caseros y otros estudios. Colección las 4 estaciones. Ovejero Martín Editores, Impreso en Acquatint, Bv. Segui 828, Rosario. Agosto de 1998.

lunes, 2 de abril de 2012

EL ARROYO SANTA LUCÍA EN 1950


El arroyo Santa Lucía en 1950 y el puente que permitía llegar a la Escuela 32.


Por: Roberto Antonio Lizarazu

Todos sabemos que nuestro pueblo se encuentra ubicado sobre la margen derecha del río Uruguay y que él constituye uno de nuestros más preciados  afectos.

Pero además nosotros los montecasereños, en otros tiempos teníamos nuestro arroyo privado. Un arroyo personal y propio, a la vista de todos los vecinos en el medio de nuestro pueblo. En esa época en 1950, el arroyo Santa Lucía y la actual calle Juan Perelló,    eran la misma cosa.

El Presbítero Juan Perelló y Ferrer ya había fallecido el 26 de septiembre de 1946 y el arroyo y la calle que lleva su nombre, eran lo mismo y cruzaban el pueblo siguiendo la pendiente de las aguas de Sur a Norte.

Pero además era un arroyo con puente y todo. En la intersección de la calle 2 de Febrero  y el arroyo-calle Santa Lucía-Juan Perelló, había un hermoso puente de madera que cruzaba de vereda a vereda desde la Farmacia Anglo Argentina hasta la vereda de enfrente. (1)

Como yo concurría a la Escuela 32, ese paso era el obligado para ir de casa a la escuela.  Que diversión representaba para mí cruzarlo de ida y regreso, lo que hacía mucho más amena la concurrencia a la escuela. Cuando llegábamos a la escuela, antes del comienzo de las clases  nos daban de almorzar. Las maestras, entre ellas mi madre y mi hermana Lupe, servían un locro de rechupete con galleta del día. Todo se servía a discreción. Yo por supuesto comía dos veces, una en casa de compromiso antes de salir; y otra cuando llegaba.

Unos minutos antes de servirse el almuerzo y cuando ya las ceremonias escolares de ingreso habían sido cumplimentadas, llegaba la jardinera de la panadería de Zabala trayendo dos bolsas aun calientes de las galletas más sabrosas que alguien pueda imaginarse, dando paso desde mi punto de vista infantil,  al inicio del verdadero día escolar, la locreada. 

Siempre agradezco a Dios y a mis padres  el haber nacido y pasado mi infancia en Monte Caseros. Que de circunstancias favorables que se me dieron para comenzar a vivir y pasar la infancia. Que maravilloso país que era el nuestro en ese momento. Era todo demasiado bueno para ser perdurable.


(1) Por donde pasaba el Santa Lucía, en 1950, la calle se llamaba Juan Perelló, y al principio esta calle se llamaba Jujuy. En relación a la actual Mendieta,  como en la esquina con la actual Avenida del Libertador, estaba la Usina de Balbi,(1930) se llamó Edison, por Thomas Alba Edison, luego se llamó 2 de Febrero y en la actualidad Mendieta, pero siempre es la misma calle, lo que cambian son los gobiernos y los irrespetuosos de nuestra tradición, que confunden progreso con el cambio de los nombres de las calles.